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El "OCARINA OF TIME" VENEZOLANO

POR: TOMÁS ARTURO MARIN

Qué increíble sería que un juego como “Zelda Ocarina of Time”, que engloba un macrotexto superior a la simple historia visible, cargada ampliamente de metáforas y recursos símiles, se aplicara a la compleja situación que vive la República Bolivariana de Venezuela.

Imagine un héroe que fácilmente encarne físicamente al venezolano promedio, que vista un elegantísimo pero muy criollo liquiliqui negro y que porte un machete junto a nuestro escudo patrio en sus espaldas. ¿La misión? rescatar de su secuestro a la princesa Paz, la cual, aunque presente poca coherencia en su hablar, en su pensar y hasta posea un leve retraso mental, es querida por todos por su buen corazón.

La princesa Paz fue raptada del territorio venezolano por una serie de villanos que el jugador enfrentará a lo largo de la aventura, que tendrá lugar en nuestras hermosas costas, nuestras imponentes montañas, nuestros cálidos médanos, en nuestra extensa selva y en nuestras caóticas urbes.

Nuestro héroe protagonista deberá ir enderezando entuertos a través de cinco templos de distinta dificultad y prosperidad, los cuales representarán los lamentables antivalores a los cuales los habitantes del país le hemos rendido culto. (de allí su característica de templos, duuuuuh) Estos templos serán: el templo del populismo, el templo de las promesas, el templo de la intolerancia, el templo de la ineficiencia y el templo de la sangre.

Al finalizar cada misión en las distintas mazmorras, el jugador recibirá un bonito medallón hasta completar los cinco que le hacen falta para combatir la batalla final en el terrorífico Palacio de Miraflores, el cual está conformado por una serie de curiosos despachos en los cuales enfrentará, uno por uno, a una serie de monstruos (algunos civiles, algunos militares, algunos de izquierda, algunos de derecha) hasta derrotarlos y combatir al enemigo final, el cual es nada más y nada menos que el mismo protagonista quien, con su flojera, su facilismo y su indiferencia, dejó surgir a los terribles demonios que azotaron tan fuertemente a las pobres tierras en las que se desarrolla el juego.

Finalizada esta última misión, la princesa Paz podrá regresar a su tierra y esparcir la luz necesaria para que los niños, los adultos y los ancianos puedan salir a jugar, a trabajar o a descansar sin temor a no volver jamás a sus pequeñas casitas con sus familias.

 


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