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¿A LAS BARRICADAS?

 

Voy saliendo del Tolón a bordo de mi pequeño compañero de batallas, de mi Rocinante mecánico el cual, herido a razón de quien le despegó su tablero para apoderarse de mi equipo de sonido, siente artificialmente a través del camino la felicidad que me embarga por esa casi invisible embriaguez que sentimos los tercermundistas al conseguir la ejecución de la compra de objetos baratos y de calidad; materializada para mí en la adquisición de cuatro maravillosos y guapísimos libros.


A falta de mi GPS, ese astrolabio digital que descansa en una mesa de mi casa, caigo en la trampa tendida por la ignorancia relativa a la mayoría de las calles de esta ciudad de tomar un camino equívoco que me coloca en la tormentosa vía vespertina hacia el cafetal.

El sol luce radiante, como emitiendo burlas a mí persona mientras arroja esas ondas térmicas que, al fusionarse armónicamente con el deplorable sonido de la corneta de las motocicletas y ese curioso vaho casi sísmico que emiten los vehículos de motor (mucho más intenso cuando se observa a través de un parabrisas polvoriento) expropian las últimas reservas de mi diminutísima calma.

Presidiario del embotellamiento causado por las personas que conducen en mi misma dirección, pienso en el profundo deseo de conocer a algún amigo que pueda poseer conocimientos de alquimia o de la física cuántica de Planck para que se tomase la fantasiosa molestia de enseñarme a patentar un campo de fuerza para vehículos que los blinde ante los ataques de los miserables delincuentes y asesinos para poder burlarme de ellos y recriminarle su pronta muerte violenta cuando decidan atacar con el fin de apoderarse de las pertenencias mías o de algunos de mis pasajeros. Una barricada que impide tomar la vía de retorno me regresa súbitamente a la realidad.

Esta barricada fue sólo una de muchas que alargaron mi pesadumbre vehicular gracias a unos cuantos idiotas que otorgan panfletos con los problemas del país que, como venezolano, me los sé de memoria.

Malditos y estúpidos guarimberos. Estoy en pleno conocimiento de que el gobierno es una basura que merece ser exterminada pero, por favor, un poco de consciencia. 

T.M.


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