Coronavirus y sanciones: una prueba de solidaridad global

Coronavirus y sanciones: una prueba de solidaridad global

Hace casi tres meses, en los primeros días en los cuales se escuchaban noticias
sobre el brote gradual del covid-19 en una parte de China, tal vez pocas personas
en este lado del Atlántico hubieran imaginado enfrentarse a tal aflicción causada
por el Coronavirus.La oleada del coronavirus se extendió rápidamente por países, uno tras otro. Las estadísticas oficiales indican que la epidemia ha dejado más de 400.000 de personas infectadas y miles de muertos en ciento setenta países alrededor del mundo. La relación entre el número de personas infectadas y la cifra de muertes de la población humana en Tierra no debe engañarnos. La velocidad de difusión y la incapacidad de los gobiernos para controlar la enfermedad, representan un riesg oreal que amenaza a todos, independientemente de su nacionalidad o lugar de residencia

En los territorios afectados por el covid-19 se han puesto en marcha todas las
instalaciones de salud y medios de comunicación, incluidas las fuerzas militares,
para reducir su velocidad de transmisión. También se han logrado algunos éxitos.
Las necesidades básicas de higiene como mascarillas, desinfectantes y alimentos,
han alcanzado su punto más alto y la afluencia de miles de personas a las tiendas
de alimentación, incluso en los países más avanzados hace creíble la pesadilla de la
hambruna en el mundo moderno.

En este contexto, el mundo entero está enfrentado un peligro común, y aún se
siente la necesidad de que los países cooperen y se ayuden mutuamente fuera de
las fronteras. Por supuesto, en medio del pánico y el sufrimiento causados por la
nueva enfermedad, se repite nuevamente una nueva historia: algunos países han
visto apropiado el campo de enfrentamiento al Coronavirus para avanzar en sus
objetivos políticos y autoritarios.

En los primeros días de la aparición del coronavirus se escucharon las voces en los
Estados Unidos que vitoreaban la afectación a China por la enfermedad en medio
de una guerra comercial con ese país. Al mismo tiempo, el gobierno
estadounidense ha ampliado su campo de batalla y su ajuste de cuentas con Irán a
la evitación del acceso del pueblo iraní a los kits de pruebas de diagnóstico de la
enfermedad, así mismo medicamentos e insumos de salud. Es obvio que el uso del
arma brutal de sanciones por los Estados Unidos carece de límites, aunque sea a
costa de miles de vidas humanas en países objeto de sanciones.

El Gobierno de Donald Trump se retiró unilateralmente en el 2018 del acuerdo
nuclear— Plan Integral de Acción Conjunta— un convenio internacional sobre el
programa nuclear pacífico de la República Islámica de Irán aprobado por el
Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), y así
restauró las sanciones unilaterales a Irán que se habían levantado en virtud del
mismo.

Como la consecuencia de la aplicación de estas sanciones, los recursos financieros
de Irán fueron restringidos drásticamente y los intercambios bancarios con este
país se vieron cortados casi por completo. Cualquier persona (incluso no
estadounidense) que haga negocios con Irán será sancionado y estará expuesto a
severas multas estadounidenses. Muchos gobiernos (a pesar de hacer gestos
contrarios a las sanciones unilaterales) y corporaciones cumpliendo las peticiones
de Estados Unidos han cesado su colaboración con Irán. Las sanciones han dañado
severamente a las compañías en Irán y han limitado los ingresos de los ciudadanos
iraníes.

Es un obvio engaño lo que alegan los estadounidenses de que el comercio
humanitario no está sujeto a las sanciones. La drástica caída de los ingresos de Irán
paralela a la prohibición de las transacciones bancarias, hacen prácticamente
imposibles para Irán las importaciones de medicamentos y equipos médicos. Irán
ha presentado una denuncia ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La
Haya contra Estados Unidos. El tribunal ordenó a los Estados Unidos suprimir los
obstáculos impuestos al comercio de medicamentos, dispositivos médicos,
productos alimentarios y agrícolas, así como repuestos y equipos necesarios para la
aviación civil. Estados Unidos hizo caso omiso de la decisión y amplió diariamente
las sanciones para poner de rodillas a Irán. Por supuesto, lo que aconteció en la
práctica está muy lejos de la pretensión de Estados Unidos. Irán no se arrodilló, sin
embargo, de cualquier manera debería pagar el precio de su resistencia ante la
arrogancia estadounidense.

En medio de la campaña de máxima presión de EE UU contra Irán, el coronavirus
sigue dejando víctimas mortales en Irán independientemente de las relaciones
internacionales. Ignorado las duras condiciones de la nación afectada por las
sanciones, la gran afluencia de pacientes a los hospitales ha causado una escasez de
los insumos básicos de higiene como mascarillas de protección y guantes
desechables, y un gran número de médicos y enfermeras han perdido la vida a causa del coronavirus. El mundo ahora puede entender el significado real de la campaña de máxima presión de EE UU contra Irán: el crimen contra la humanidad.

Mientras siguen expandiéndose las discrepancias entre EE. UU y los demás países,
la aplicación del arma antihumana de las sanciones se vuelve paulatinamente
común y si los gobiernos y pueblos no se levanten de una manera unificada y
coherente pueden ser la próxima víctima de esta arma.

La historia ha demostrado que el sufrimiento de los pueblos a causa de los
desastres naturales, las epidemias, la guerra, el terrorismo y, por supuesto, las
sanciones que han conducido a la humanidad a la muerte, la pobreza y el
analfabetismo, se desbordará finalmente y no permanecerá dentro de las fronteras
de un país como en la actualidad estamos atestiguando sus efectos.

Todos los días los gobiernos y las organizaciones internacionales alegan defender
los derechos humanos y emiten declaraciones y resoluciones. Quizás ahora sea el
momento de que las naciones reprochen a sus gobiernos qué han hecho estas
declaraciones y resoluciones contra la desenfrenada brutalidad de Estados Unidos
y los gobiernos obedientes. ¿Estos pactos internacionales, repletos de términos
hermosos y atractivos, han logrado impedir la concreción de los actos inhumanos
como las sanciones?

Ya debemos creer que la seguridad, la paz y la prosperidad para uno y la
inseguridad y la pobreza para el otro al mismo tiempono es concebible. Así que
unámonos, condenemos el terrorismo médico y económico de los EE. UU. e
instemos a este país a respetar como las otras 194 naciones los principios éticos,
los valores humanos y las normas y los derechos internacionales, y al levantar
sanciones crueles contra países como Irán, Venezuela, Cuba, etc., proporcione el
terreno para la prosperidad y la comodidad de estos países.

Fuente:Embajada de la República Islámica de Irán

 

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Ana Teresa Delgado de Marin

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