Comunicado de Claudio Emilio Pompilio Quevedo

Comunicado de Claudio Emilio Pompilio Quevedo

Yo, Claudio Emilio Pompilio Quevedo, por medio de la presente deseo dar al conocimiento público y aclarar que, recientemente fue publicado en la prestigiosa revista www.gentio.com.ve un artículo sobre “FELLINI” el cuál por un error involuntario de la editorial y sin ninguna mala intención apareció publicado con mi firma como autor del mismo.

 

El lamentable error fue comunicado por mi persona a la dirección de la revista y ellos de forma inmediata han rectificado retirando el mencionado artículo y las fotografías que le acompañaban.

 

Es así que, por este medio dejo constancia que el penoso inconveniente no ha sido debido a mi persona y que en ningún momento yo sería capaz de apropiarme de un trabajo periodístico que no sea de mi completa y exclusiva autoría ya que en todos mis años en éste medio siempre he sido totalmente respetuoso con los derechos de autor.

 

Comunicado redactado en la ciudad de Caracas, a los 08 días del mes de septiembre de 2020.

 

Claudio E. Pompilio Quevedo

Anexo a la presente para su consideración el artículo original de mi autoría, enviado por mí a la redacción de la revista GENTÍO el pasado día 26 de Julio a las 15:50 pm.

 

FELLINI 100

El maestro centenario

 

Por. Dr. Claudio E. Pompilio Quevedo @cepq

Photos. Courtesy

Durante los duros años de la postguerra italiana, en un país reducido a la miseria y la destrucción, un grupo de jóvenes cineastas se esfuerzan por sacar adelante el arte cinematográfico italiano, queriendo mostrar otra visión, más real, cruda y humana, dando vida al que sería el Neorealismo Italiano.

Films donde la escases, la miseria, los problemas domésticos, y momento que hasta el momento jamás habían sido plasmados de forma tan cruda, van cimentando las bases a uno de los movimientos cinematográficos más genuinos de la historia.

Entre los visionarios destaca Federico Fellini, un joven nacido en la ciudad de Rimini en 1920, apasionado del periodismo y las viñetas que comenzó a colaborar en 1938 en periódicos tan importantes como La Domenica del Corriere e Il 420, hasta que en 1941 comienza a colaborar  con el Ente Italiano Audizioni Radiofoniche (EIAR), que marca su debut en el mundo del espectáculo y el inicio de la relación afectiva y artística con Giulietta Masina. Y es en el semanario satírico Marc’Aurelio cuando se convierte en una firma reconocida, y pronto comienza a frecuentar y a moverse a sus anchas por el ambiente de la noche romana, el teatro y los vodeviles.

A mediados de los años cuarenta, tras un encuentro providencial con Roberto Rossellini, quién le encarga algunos guiones como el de: Roma, ciudad abierta (1945)–, comienza a tomar interés por el cine, oficio que nunca se había planteado realizar y en plena postguerra, (1950), junto a Alberto Lattuada se estrena como codirector en Luci del Varietà, un film que resultó un rotundo fracaso comercial, pero ya el gusanillo del séptimo arte corría por sus venas.

Dos años más tarde debuta con El jeque blanco, que también fracasó, pero esto no lo desanima y continúa, llegó finalmente el éxito como director con Los inútiles (1953), una cinta de referencias autobiográficas sobre su juventud en Rímini.

Ya consagrado, el director obtiene nuevos éxitos; La Strada (1954), con G. Masina y Anthony Quinn, Las noches de Cabiria (1957), La dolce vita (1960), Julieta de los espíritus (1965), El Satiricón (1969), Amarcord (1973), Casanova (1976) entre muchas más.

Con La Dolce Vita obtiene el reconoció de la crítica, el Festival de Cannes le premia con la Palma de Oro, y L’Osservatore Romano pide la excomunión para los que la vieran. El descomunal escándalo en una Italia aún pacata le acentúa una depresión que combatió mediante el psicoanálisis de Jung y que puede percibirse en algunos de sus films.

Sus films; Fellini 8 ½ (1963), un autorretrato, y Amarcord (1973), un regreso a su juventud, reciben dos Premio Oscar. Luego ganará dos más y el quinto, en homenaje a su carrera, le sería otorgado en 1993, pocos meses antes de su muerte, acaecida en Roma el 31 de octubre de ese mismo año.

Ana Teresa Delgado de Marin

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