Arang y Yari. Cuento de Corea

Arang y Yari. Cuento de Corea

Texto de Kim Bak Mun

Había una confortable aldea llamada Jiangkol, en donde vivían los niños Arang y Yari sin ninguna preocupación.

Un día, elmayor de los moradorres del lugar les preguntó:

-Digan, chicos,¿qué amor es el más inapreciable?

-El amor a la tierra natal-se adelantó Arang en contestar,dibujando una amplia sonrisa en su rostro.

-Exacto-dijo el anciano,acariciándole la cabeza con cariño.

-Entonces,¿de qué siente nostalgia el hombre aún cuando muere?

-De su pueblo natal.-respondió primero el mismo niño,con confianza.

-Bravo,eres muy inteligente.Tienes presente lo fundamental.

El anciano lo alabó así.

Y tú-preguntó a Yari-¿Porqué estás mudo?

El chico enrojeció y bajó ka cabeza.

-Él es callado

-Ah, ¿sí?.Pero también tú,como Arang.no debes olvidar jamás a tu pueblo natal,¿entiendes?

-Sí-dijo Yari dando una cabezada en señal de aprobación.

-Bueno,pueden retirarse, Perdónenme por haberlos molestado.

Los dos niños se fueron corriendo,mano a mano,a un césped,en donde juguetearon sin darse cuenta del paso del tiempo.Y,¡qué lástima!

Yari,contra su voluntad, rompió una ramita de una planta floral.

-Ah,¿qué hacer?-Se mostraba inquieto Yari, ponipendose sombrío.

-Pierde cuidado.No hay remedio para la ramita rota. Volvamos a la casa. Se pondrá el sol-señaló indiferentemente Arang, tirándolo de su mano.

-Pero……

Yari.nervioso aún,volvipo la cabeza una y otra vez.

Otro día,el mayor de los habitantes dijo a Arang y Yari:

-Oigan pequeños. Voy a recomendarles una cosa.

-Díganos, por favor-apremiaron los niños.

-Deben ir a Gurumkol,lugar de nubes,y traer la semilla de una planta que florece en la noche y despide un olor muy aromático.

-¿Dice que florece por la noche?-preguntó Arang con curiosidad.

-Sí.Es la invención de un iejo que vive en Gurumkol, dedicando toda su vida a la jardinería. Aseguró que nos daría algunas semillas-dijo el anciano con una sonrisa.

-¡Qué bueno!-Si esa planta florece,nuestra aldea estará pregnada de fragancia,tanto de día coomo de noche.

Arang y Yari estaban felices.

-Oigan chicos. Deben regresar antes del ocaso del sol.

-Entendido-dijeron a la vez los niños, como si se hubieran comprometido.

Arang y Yari llegaron a Gurumkol,en donde los acogió con amabilidad el viejo jardinero.

-¡Oh,sean bienvenidos!

El jardinero acarició sus cabezas con ternura y los agasajó con deliciosas comidas. Luego les dio sendas simientes de forma redonda.

-¡Oh semillas!-exclmaron los niños.

-¿Es verdad que esta semilla produce una planta que florece sólo en la noche?preguntó Yari.

-Sí.Su fragancia es muy duradera-contestó el iejo con orgullo.

-Muchísimas gracias abuelo. Cultivaremos con esnero las semillas.

Arang y Yari las guardaron con sumo esmero, en su cuerpo,como si fuera un tesoro y salieron de Gurumkol.

Ellos sentían como si tuvieran alas. De un soplo traspasaron montesy llanos y llegaron a orillas del río Bodul.Subieron a la barcaza y empezaron a remar.

De repente, se produjo un viento,que batió con fuerza la nave.

Poco a poco,el aire se hizo más fuerte y se convirtió en un furioso torbellino,que hizo girar el barquito,el cual semejaba una hojarasca.

Parecía que se volcaría de inmediato.

-¡Ah!

Arang y Yari tembaban de miedo, sin saber qué hacer. Con el paso de el tiempo, su mente quedaba en blanco.Pero, para su buena suerte, el barco no se volcó.

Vueltos en sí,ños nilos tantearon cada cual sus bolsillo interior y probaron la existencia de las semillas, Lanzaron un suspiro de alivio.Mas,¡qué lástima!,desaparecieron los remos ,arrastrados por la borrasca.

La embarcación obedecía al curso de la corriente.

-Uf ¿qué haremos?-expresó atemorizado Arang, y Yari, mirándolo tampoco sabía qué hacer.

Estaban asustados,pues no sabían nadar.

-¡Socorro!¡Socorro!-gritaban a voz en cuello,pero sus esfuerzos resultaron vanos.

La barcaza seguía corriente abajo.Para colmo de males,ya caía el sol.

Excesivamente cansados, Arang y Yari no tenían fuerza para gritar. Se abrazaron con fuerza uno al otro,depositando su destino en la embarcación.

De repentem ña nave se detuvo.Los niños se inorporaron y vieron que habían llegado a una pequeña isla.Subieron a la tierra y se quedaron boquiabiertos por la cantidad de frutos desconocidos que veían.Reinaba el Otoño,estación de maduración,cuando en Jiankol estaban en plena Primavera,estación de floración.Grandes y pequeños árboles desconocidos, daban ricos frutos.

Por doquier se veían las frutas bien maduras exhalando sus fragancias,lo cual azuzaba el hambra de los pequeños.

Allí se dieron cuenta que estaban en ayuno.

-Tengo hambre canina-dijo Arang y arrancó un fruto, seguido por Yari.

En ese momento,se oyó desde arriba una voz.

-Si tienen hambrem coman, coman.

Sorprendidos, los niños levantaron la cabeza y vieron un pajarillo amarillo posado en la ramita de un árbol alto.

-Perdónanos, lo tomamos sin permiso del dueño-dijo Yari al ave.

-No importa.Coman.Aquí están en el país Gaúl, en donde se dan los frutos todo el año.

-Entonces¿Nos permiten comer? preguntó Arang

-Coman, coman lo que quieran.

Tan pronto como terminó de hablar el pájaro, Arang y Yari se llevaron las frutas a la boca.

Pero, mordían y mordían y los dientes no se clavaban en la fruta.Parecía más dura que una piedra.

-A propósito, dijo el pajarito,debo advertirles una cosa,.Quien quiera comer fruta aquí, debe quedarse por estos lares para siempre.Sólo entonces, la fruta se hará blanda y sabrosa.

Al escucharlo, los chicos se quitaron las frutas de la boca y las tiraron al suelo.

-¿Qué les pasa?-preguntó el pajarillo curioso.

-No nos quedaremos aquí,sino regresare,os a nuestra patria natal-contestó Yari.

-¿Deben regresar sin falta?Vivamos aquí juntos-les pidió el pajarito.

-No.Debemos irnos. Todos nos esperan.

Yari y Arang se desplomaron en el suelo.Debían apaciguar el hambre. Urgía salir rumbo a su pueblo natal.Pero, no sabían hacia donde ir, n tenían a quién preguntar, ya que el ave había desaparecido.Se encontraban en un desierto, donde ni siquiera se oía el canto de los grillos.

-Oye,primero hagamos unos remos para cruzar el río-dijo Yari,levantándose del suelo.

-¿Con qué y cómo?

Arang lanzó un suspiro mirando a Yari con ojos desilusionados.

-Entonces ¿vamos a estar aquí con los brazos cruzados?Debemos regresar a todo trance a nuestro hogar.

Arang no dijo nada.No se sentá él mismo cuando estaba en Jingkol.

Yari se dirigió solo a un árbol. Pero,éste desapareció y lo mismo ocurría con los otros.

Parecía que se burlaban de él jugando al escondite.

Extenuado,Yari se desplomó en el suelo.Tenía hambre.

-Oye Yari. Nos moriremos de hambre.Comamos de aquellos frutos y volvamos a Jungkol.

Eso era algo imprevisto para Yari.Pero se aguantó y dijo:

-Aguantemos el hambre.No lo digas aunque estés hambriento.Éste es un lugar extraño,distinto a Jiangkol. Me parece que si comemos las frutas, olvdando a nuestro pueblo natal, ocurrirá algo.Estudiomos el remedio de regresar pronto.

Arang permaneció callado.

A medida que el tiempo pasaba,Yari sintió mayor hambre. Echó de menos a su aldea natal,hermosa y confortable,en donde vivían en armoná con todos,ayudándose unos a otros. Al pensar que en ese momento el mayor de los habitantes y otros los aguardarían, sintió angustia.

En ese momento, se oyó una voz: ”¡Qué sabroso!¡Es tan dulce como la miel!

Yari, asustado,dirigió la mirada hacia donde venía la voz. y vio a Arang comiendo frutas.

-¿Qué haces?-gritó,

Arang comió una fruta y retozó con bríos. Ya tenía fuerza.

-¡Qué buena esta isla de frutas exquisitas! Viviré aquí .

Él no estaba en sus cabales.

-Cálmate.Debemos llevar pronto las semillas a la tierra natal-dijo Yari.

-¿Qué es la semilla?¿Qué es la tierra natal? Me quedo aquí.

Arang,sonriendo, tomó otra fruta.

Entonces, se oypo una voz:

-Tú tienes razón.¿De qué vale el pueblo natal? A uno le basta con comer y vivir bien.

Extrañado,Yari levantó la cabeza y vio al pajarito amarillo.

-Olvídate también de tu pueblo natal y vivamos juntos aquí! Toma esta fruta-señaló el ave, ofreciéndole una.

-No, no,-dijo Yari-tú no sabes nada. El lugar natal es inolvidable y no se puede abadonar.

Parecía imposible de atraerlo.

De súbito se oyó una voz recriminatoria:

-Persistente!

Asustado, Yari levantó la mirada hacia arriba y vio a una máscara vieja y diab{olica, con el cabello suelto.El ave había desaparecido. Nadie sabía cuándo. El nño sintió que los pelos se le ponían de punta y que su mente se quedaba en blanco.

-Veré cuánto aguantas

La vieja escrutó un buen rato a Yari y desapareció.

A Yar le pareció soñar.

Pensó salir del lugar cuanto antes. Fue a rastras a la ribera.Quería irse a bordo de la barcaza sn remos.Pero, para su sorpresa, no vio la nave.Se desmayó.

Cierto tiempo después, abrió los ojos y vio bandadas de nubes blancas navegando en el cielo azul. Ojalá pudiera volar como ellas y llegar a Jangkol. Quería verlo. Lo consideraba encantador.Por sus mejillas rodaron lágrimas cristalinas. Asió con fuerza la semilla. Parecía que se le cortaba la respiración.

Sintió que se sumergía en un abismo.Trató de arrastrarse hacia adelante, asiéndose de las herbas,pero.el cuerpo no le obedeció,

Sabía demasiado bien qué le ocurriría.Pero,quería enviar a todo tance la semilla a su pueblo natal.Miró la simiente y se la tragó.Luego llamó a Arang,pero su voz era muy débil.

Inesperadamente,apareció la diabólica vieja.

-¿Para qué lo llamas?¿Quieres fruta?-preguntó dejando ver sus dentes.

-Dile a Arang que quiero ser enterrado en mi suelo natal-pronunció a duras penas.

-¡Imbécil!¿Para qué valdrá tu muerte?Se perderá a un ser inteligente, considerado mi futuro sirviente-refunfuñó y desapareció.

Sobre el arenal, Yari quedó tendido.

De repente, se oyó una voz: ”¿No es aquel Yari, de Jiangkol?”. Posó una pareja de grullas que venían de Kanggram

-Di¿ para qué has venido aquí a esta isla de diablos?Qué te ocurrió?-preguntó la hembra,sacudiendo al niño.

Yari apenas entreabrió los ojos y dibujó una pequeña sonrisa, quizás reconociendo a las aves.

-Entierren mis restos en mi pueblo natal. Díganle a Arang y llévenlo-pidió y bajó la cabeza.

-¡Yari!-llamaron las aves abrazando al niño,pero su cuerpo se desmadejaba.

De los ojos de las grullas brotaron lágrimas.

-Tú no comiste la fruta de la isla de los diablos y peferiste morir-dijo el macho lamentándose y montó el cuerpo sobre sus espaldas.

En ese mometo, apareció Arang.

-Oye Arang,vamos a tu aldea natal-expresó la hembra.

-No quiero.Prefero estar aquí.-dijo el nilo riéndose

Luego, apareció la diab{olica vieje y se llevó a niño, nadie sabe a dónde.

Las grullas llegaron a Jungkol.donde los habitantes,informados por la inesperada noticia,se congregaron junto a ellas.

El mayor de los habitantes, agarró al niño y lo sacudió.

Enterado por las grullas de lo que había sucedido con Yari y con Arang dijo enfurecido:

-¿Procedió así Arang? él era el primero en decir que amaba a su tierra natal.

Yari, como querá, fue enterrado en su suelo natal.

A la mañana siguiente,del túmulo del pequeño salió un germen, el cual echó tallos y hojas verdes.Por la noche, nacieron flores hermosas. cuya fragancia contagió la aldea.

La planta floreció todas las noches, estimulando con su aroma a quienes atendían los cultivos.Cada vwz que sentían el perfume,los aldeanos extrañaban a Yari. Les era imposible olvidarlo,puesto que despedía ese olor para ellos.Le pusieron a la planta el nombre de Yarijiang.

Ana Teresa Delgado de Marin

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