CARTA PASTORAL CONJUNTA CON MOTIVO DEL CENTENARIO DE LA PROCLAMACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DEL VALLE, COMO PATRONA DE LA DIÓCESIS DE GUAYANA

CARTA PASTORAL CONJUNTA CON MOTIVO DEL  CENTENARIO DE LA PROCLAMACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DEL VALLE,  COMO PATRONA DE LA DIÓCESIS DE GUAYANA

I – Introducción

1.- El próximo 8 de septiembre se cumplirán cien años de la solemne proclamación de Nuestra Señora del Valle como Patrona de la Diócesis de Guayana, que entonces comprendía el territorio de los actuales estados Bolívar, Anzoátegui, Monagas, Nueva Esparta, Sucre, Amazonas y Delta Amacuro. Por tal motivo, los obispos de las arquidiócesis, diócesis y vicariatos apostólicos que en el paso de los años fueron creados en ese extensísimo territorio, hemos querido publicar esta Carta Pastoral para compartir algunas reflexiones sobre la importancia y actualidad de este acontecimiento, y la proyección pastoral que él tiene en la vida de cada una de nuestras Iglesias particulares, en medio de la dramática situación social y sanitaria que hoy vivimos.

2 – La proclamación del patrocinio de la Virgen del Valle sobre la Diócesis de Guayana, preparada de forma remota ya por la coronación canónica de su imagen diez años antes (08-09-1911), contó con el apoyo decidido de sacerdotes y fieles, e instituciones de la vida civil y eclesial de toda la geografía diocesana que suscribieron un documento que comenzó a circular el día 8 de septiembre de 1.920 y que, con el pleno consentimiento y regocijo del Siervo de Dios Mons. Sixto Sosa Díaz, entonces Obispo de Guayana, fue presentado ante la Santa Sede en enero del año siguiente.

3 – El 27 de abril de 1921, la Sagrada Congregación de Ritos en nombre del Papa Benedicto XV confirma la elección realizada, fija su fiesta el 8 de septiembre y le atribuye todos los privilegios y honores que, conforme a las leyes de la Iglesia, competen a los Patronos principales. Una Carta Pastoral promulgada el 15 de agosto de ese año anuncia al clero y a los fieles la feliz noticia.

3 – Un testigo excepcional de los hechos los describe así: “En la misa del 8, cantado el Evangelio, el Pbro. Antonio Arenas, Cura Párroco de Santa Catalina, de Carúpano, dio lectura a la carta pastoral sobre el Patronato, comentándola después con palabra fácil y persuasiva … El Sr. Sosa sufría a la sazón graves quebrantos de salud… No los tomó, sin embargo, en cuenta, en ocasión tan memorable…  no pudo asistir a la procesión de la tarde; pero al llegar ésta a la Plaza cercana al santuario, se presentó revestido con los hábitos corales… La Virgen se destacaba en simpático trono de rosas blancas. …Lectura del Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos, accediendo a los votos del Clero y Pueblo de Guayana… Sermón sobre la grandeza del Patrocinio de María…Al final le agregué unos gritos que no estaban en el manuscrito… ¡Viva la Virgen del Valle!…”.[1]

II – La Virgen del Valle: presencia maternal desde los albores de la evangelización.

4 – La imagen de la Virgen del Valle ha acompañado la vida de la Iglesia en el Oriente de Venezuela desde los inicios de la evangelización. Las fuentes documentales nos hablan de la presencia de una imagen de la “Purísima Concepción”, traída para la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol en Nueva Cádiz, Cubagua, antes del año 1530. Allí recibiría los ruegos y súplicas de los vecinos de aquella isla que entonces se encontraba en apogeo económico por la explotación de perlas[2].

5 – Tras el despoblamiento de Nueva Cádiz pocos años después, la imagen de la Virgen pasó a la Isla de Margarita, donde fue instalada para su mayor resguardo en una pequeña ermita construida en un valle cercano a la Villa del Espíritu Santo, donde recibía el devoto homenaje tanto de los antiguos pobladores de Cubagua como de los güaiqueríes que siempre estuvieron muy ligados a su santuario y devoción. Con el paso del tiempo, esta pequeña ermita se convirtió en lugar de peregrinación para los habitantes de la Isla.

6 – Los favores recibidos fueron extendiendo la devoción a la imagen que adquirió como nombre propio el de la “Virgen del Valle”, por el lugar de su ubicación. Su imagen y santuario se vieron librados de los ataques de los piratas que golpearon a otras poblaciones de la Isla. La tradición popular atribuye a su intercesión las lluvias en momentos de grande sequía para la isla y la protección de sus hijos en los avatares de la Independencia. Son muchos los milagros atribuidos a la intercesión de la Virgen del Valle.

7 – La pequeña ermita fue sustituida por un nuevo y hermoso Santuario cuyos trabajos  fueron iniciados el 3 de febrero de 1894 bajo la conducción del Pbro. Br. Joaquín Rivas. Estos fueron continuados por el Pbro. Eduardo de Jesús Vázquez, quien desde mayo del año 1900 y por cuarenta años fue el Párroco del Valle del Espíritu Santo. Continuó su obra el entonces joven Pbro. Crisanto Mata Cova, quien luego fue Obispo de Cumaná y Arzobispo de Ciudad Bolívar. Durante el pontificado del Papa Juan Pablo II, y gracias a la iniciativa de Mons. César Ramón Ortega Herrera, de feliz memoria, el Santuario de la Virgen del Valle fue reconocido como Basílica Menor, el 7 de junio de 1.995.

8 – Los lazos de unión del oriente de Venezuela con la Virgen del Valle no se vieron mermados al crearse nuevas Iglesias particulares en esta región. Y, aunque en el transcurrir de los años se estableció en algunas de ellas el patrocinio de la Madre de Dios en otras advocaciones, la devoción a la Virgen del Valle sigue estando tan firmemente arraigada en el Pueblo de Dios que no duda en seguir reconociéndola como la Patrona de todo el Oriente y Sur de Venezuela.

9 – La devoción a la Virgen del Valle marca la vida de nuestra región. El significativo número de parroquias, iglesias, capillas y ermitas, obras educativas y de caridad, que llevan el nombre de la Virgen, las expresiones de fe en la celebración de su fiesta, y las múltiples expresiones artísticas y culturales en su honor, nos hablan de un pueblo que sigue encontrado en la Virgen del Valle un signo de identidad cristiana, de pertenencia a la Iglesia Católica y de su compromiso cristiano en su cotidiano vivir. Ese sentir se proyecta en otros lugares de Venezuela, e incluso más allá de nuestras fronteras, a donde se han trasladado los hijos e hijas de esta región, y han llevado consigo como uno de sus mayores tesoros la devoción a la Virgen.

 

III – La devoción a la Virgen del Valle nos debe llevar al encuentro y unión con Jesucristo.

10 – La fe de la Iglesia nos enseña que Dios, queriendo llevar a término la redención del mundo, cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo (cf. Gál., 4, 4-5), que “por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen”. Tal como lo afirma el apóstol, uno solo es “el Mediador entre Dios y de los hombres… Cristo Jesús, que se entregó a Sí mismo como precio de rescate por todos” (I Tim., 2, 5-6).

11 – Esa unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta en todo momento desde su concepción virginal. Ella, redimida de un modo eminente en atención a los futuros méritos de su Hijo está unida a Él con un vínculo estrecho e indisoluble vínculo, y está enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser la Madre de Dios Hijo y, por tanto, la hija predilecta del Padre y el sagrario del Espíritu Santo (cf. LG 53). Por eso la devoción a la Virgen María no oscurece ni disminuye la única mediación de Cristo, ya que se fundamenta en lo que ha sido el designio divino, brota de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, y fomenta la unión inmediata de los creyentes con Cristo (cf. LG 60).

12 – Por el don de la maternidad divina con que está unida a nuestro Señor Jesucristo, y por sus singulares gracias y dones, está unida también íntimamente a la Iglesia. María es miembro eminente de la Iglesia, ella forma parte del único cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia. Pero a su vez María se constituye también en madre de los miembros de Cristo. El fundamento de tal afirmación se extrae de la doctrina del Cristo Total. Si María es la Madre de Cristo, y si el Verbo unió a sí toda la Iglesia desde el momento mismo de la Encarnación, formándose una unidad entre Cristo cabeza y nosotros sus miembros, es por tanto claro que María es madre no sólo de Cristo, sino que es también madre del Cristo total, madre de Cristo y de los miembros de Cristo.

13 – Ella es Madre de la Iglesia. Aún más, entre la María y la Iglesia existe una relación tipológica. La maternidad virginal de María es el signo, la medida y la actuación ejemplarizante de la virginidad y maternidad de la Iglesia; hay, por tanto, una confrontación y correspondencia entre lo carnal de María y lo espiritual de la Iglesia. De allí que los Padres de la Iglesia vean a María como tipo de la Iglesia (Cf. S. Ambrosio, Expos. Ev. Luc., II,7). Si María es madre virgen, pues lo mismo ocurre con la Iglesia que es madre que engendra hijo sin perder la virginidad, la integridad de la fe.

14 – En el Pueblo de Dios la devoción a la Virgen María, y entre nosotros en particular la devoción a la Virgen del Valle, es un regalo del buen Dios para acercarnos a Cristo Redentor. Ella crea un ambiente familiar, de acogida de la voluntad de Dios. La Virgen despierta el corazón filial que hay en cada hombre y hace crecer en nosotros la fraternidad: “María hace que la Iglesia se sienta familia” (DP 295). Por eso, la Virgen del Valle ha sido misionera que ha hecho posible una fecunda evangelización de los pueblos del oriente de Venezuela (cf. DP 295; ISMR 98)

 IV – El centenario del patronazgo de la Virgen del Valle, debe ser vivido como una oportunidad de renovación del dinamismo pastoral misionero de nuestras Iglesias.

17 – No debe circunscribirse ni agotarse en las evocaciones históricas o en las celebraciones festivas. Debe ser ocasión para que se promueva en nuestra Iglesias particulares un renovado dinamismo evangelizador.  Desde el mes de septiembre de este año, y a lo largo del 2022, se llevarán adelante algunas iniciativas comunes que comunicaremos oportunamente. Para ello contamos con el decidido apoyo de los presbíteros y diáconos, religiosos y religiosas, seminaristas, y de todos los agentes de evangelización. Por tal motivo les invitamos a:

  • Profundizar el camino de comunión y sinodalidad. A través del itinerario diocesano y nacional de preparación de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (octubre 2023), y el proceso de preparación de la I Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, que se realizará en el venidero mes de noviembre, y que quiere hacer memoria de lo acontecido en la V Conferencia General en Aparecida.

 

  • Renovar nuestras parroquias en línea misionera, en la línea de las reflexiones suscitadas por la II Asamblea Nacional de Pastoral que tiene como lema, “Parroquia misionera en salida para los nuevos tiempos desde una Iglesia en comunión”, y que se realizará el próximo año.

 

  • Reforzar nuestro compromiso con la evangelización de la familia y con la promoción de la vida, en este año especial del quinto aniversario de la Exhortación Apostólica postsinodal “Amoris Laetitia”. Ella nos invita a involucrar a las familias como sujetos de la pastoral, y formar a los laicos, especialmente a los cónyuges y a las familias, para que comprendan mejor la importancia de su compromiso eclesial.

 

  • Promover el protagonismo de los jóvenes en la acción evangelizadora. La celebración de las Jornadas Diocesanas de la Juventud, que a partir de este año se hará en torno a la Solemnidad de Cristo Rey, ayuda a mantener viva en la conciencia eclesial la urgencia de caminar con los jóvenes, acogiéndolos y escuchándolos con paciencia, anunciándoles la Palabra de Dios con afecto y energía.

 

  • – Fortalecer el compromiso de defensa de la dignidad de la persona humana y la ayuda caritativa a los necesitados en momentos en que Venezuela vive una crisis humanitaria compleja. Por eso es importante abrir cauces para la formación de los laicos en la doctrina social de la Iglesia, promover un clima favorable a la participación de cara a la transformación del país, denunciar situaciones de violencia y de violación de los derechos de las personas, fortalecer el trabajo que se viene realizando a través de las Cáritas diocesanas y parroquiales.

V – Conclusión

  • – Todos hemos experimentado como la devoción a la Virgen del Valle forma parte de nuestras familias y comunidades. Hagamos que para ellas este año del centenario sea una oportunidad privilegiada de encuentro personal con Jesucristo, con su Palabra, con los sacramentos, con el amor a los necesitados.

  • – También para proclamar que la esperanza cristiana sigue siendo posible. Como seguidores de Jesús, no podemos quedarnos como meros espectadores frente a tantas situaciones dolorosas. Lo que sucede en nuestra sociedad nos obliga a mirar al presente con el compromiso y la audacia de aquellos que saben que la salvación se hace presente en la vida cotidiana, como lo hizo María de Nazaret. Ella será siempre nuestro consuelo y fortaleza.

Con nuestra bendición,

 

+ Ulises Gutiérrez Reyes

Arzobispo de Ciudad Bolívar

 

+ Jesús González de Zárate

Arzobispo de Cumaná

 

 

+ Enrique Pérez Lavado

Obispo de Maturín

 

 

+ Jorge A. Quintero Chacón

Obispo de Barcelona

 

 

+ Jaime Villarroel Rodríguez

Obispo de Carúpano

 

 

+ Fernando Castro Aguayo

Obispo de Margarita

 

 

+ José M. Romero Barrios

Obispo de El Tigre

 

 

+ Ernesto Romero Rivas, OFM Cap

Vicario Apostólico de Tucupita

 

 

+ Jonny E. Reyes Sequera, SDB

Vicario Apostólico de Puerto Ayacucho

 

 

+ Helizandro E. Terán Bermúdez, OSA

Obispo de Ciudad Guayana

 

 

 

+ Gonzalo A. Ontiveros Vivas

Vicario Apostólico del Caroní

[1] PIBERNAT, José María (Mons.). Noticia histórica de la Excelsa Patrona de Oriente, Gráfica Americana, Caracas 1961². p.80-81.

[2] Cf. NECTARIO MARÍA (Hno). Un gran santuario de Venezuela. La Virgen del Valle de Margarita, Caracas 1964³, p. 28

Ana Teresa Delgado de Marin

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