QUE TODA LA NACION UNIDA ALCANCE LA REUNIFICACION INDEPENDIENTE Y PACIFICA DE LA PATRIA

QUE TODA LA NACION UNIDA ALCANCE LA REUNIFICACION INDEPENDIENTE Y PACIFICA DE LA PATRIA

Obra de KIM JONG IL

(Mensaje al seminario central efectuado con motivo del 50 aniversario de la histórica Conferencia Conjunta de los Representantes de los Partidos Políticos y las Organizaciones Sociales de Corea del Norte y del Sur 18 de abril del 87(1998) de la era Juche)

Hace pocos días conmemoramos de modo significativo el 5 aniversario de la publicación del Programa de Diez Puntos de la Gran Unidad Pannacional para la Reunificación de la Patria y pronto vamos a acoger el 50 aniversario de la histórica Conferencia Conjunta de los Representantes de los Partidos Políticos y las Organizaciones Sociales de Corea del Norte y del Sur. La Conferencia Conjunta Norte-Sur, efectuada en Pyongyang, en abril del 37 (1948) de la era Juche, por iniciativa del gran Líder, camarada Kim Il Sung, y bajo su dirección, fue una reunión nacional histórica, llamada a salvar el destino de la nación mediante la realización de la gran unidad nacional bajo la bandera del patriotismo y la reunificación. Cuando en el Sur de Corea se creó el peligro de que la división del país se perpetuara a causa de las maniobras de los imperialistas yanquis y sus lacayos para conseguir “las elecciones y el gobierno separados”, el gran camarada Kim Il Sung, convocando la Conferencia Conjunta Norte-Sur, acumuló imperecederos méritos en la sagrada obra de aglutinar en un haz las fuerzas patrióticas de todos los partidos políticos, grupos, clases y sectores sociales y alcanzar la soberanía e independencia de la Patria y su reintegración. El que a raíz de la liberación en medio de la complicada y difícil situación política se efectuara una gran reunión nacional, de amplia cabida, donde participaron, excepto un mínimo de traidores a la nación, los representantes de casi todos los partidos políticos y las organizaciones sociales del Sur de Corea, incluidos inveterados nacionalistas anticomunistas, y en la cual llegaran al acuerdo unánime de librar la lucha patriótica a escala nacional, fue un brillante fruto del lineamiento para la reunificación independiente de la Patria, trazado por el Líder, y de su idea sobre la gran unidad nacional, así como constituyó la primera victoria histórica que alcanzaron las fuerzas patrióticas partidarias de la reunificación. La Conferencia Conjunta Norte-Sur de Abril demostró de modo patente que los comunistas, los nacionalistas y otras fuerzas políticas y todos los sectores y capas sociales pueden unirse en la lucha por la causa común de la nación, por encima de sus diferencias de ideología e ideal, de criterio político y religión, y que si el Norte y el Sur llegan a la conciliación y toda la nación se une, la Patria puede reintegrarse por vía independiente y pacífica. La Conferencia Conjunta Norte-Sur, que el gran Líder preparara y dirigiera con ingentes esfuerzos, brillará eternamente en la historia como la reunión patriótica que demostró la gran unidad de nuestra nación, y hoy, cuando conmemoramos su 50 aniversario, sus experiencias y méritos infunden en todos los coreanos, tanto en el Norte y el Sur como en el extranjero, una renovada aspiración y fervor, confianza y ánimo para el logro de la unidad de la nación y su reintegración. Tempranamente el camarada Kim Il Sung, basándose en la idea Juche, definió en un plano nuevo la cuestión nacional y concibió la original idea de la gran unidad nacional, y aplicándola de modo intachable en toda la trayectoria histórica de la lucha para la restauración del país, la construcción de la nueva Patria y su reintegración, creó un sublime ejemplo al respecto. La idea de la magna unidad nacional que planteara sostiene que todas las clases y los sectores se unan monolíticamente para hacer realidad la independencia de la nación y defenderla, poniendo en primer plano sus demandas e intereses comunes, por encima de las diferencias de ideología e ideal, de criterio político y creencia religiosa, de posesión de bienes y posición social.

La idea Juche aclaró por primera vez y de manera científica las leyes del desarrollo de la nación y la base para su unidad. El país, la nación, constituye el centro de la vida de sus integrantes y la principal unidad donde se forja su destino. Como la gente vive y forja su destino por Estado nacional, el destino de los integrantes de una nación está ligado inseparablemente al de la misma y lo fundamental en la forja de éste es hacer realidad su independencia y defenderla. Nadie puede vivir al margen del país, la nación, y sin que se asegure su independencia, ninguna clase o sector que la integra puede allanar como es debido el camino de su destino. Toda nación tiene su carácter formado y cristalizado a lo largo de la historia, así como demandas e intereses comunes que van más allá de las diferencias de clases y sectores. El carácter y los intereses comunes de la nación sirven de cimientos para su unidad, ya que permiten aglutinar a las diferentes clases y sectores que la integran. La idea del Líder para la gran unidad nacional, siendo la materialización de la doctrina Juche en el problema nacional, es consecuentemente la idea de la independencia nacional, la noble idea de amor al país, la nación, idea de la unión más abarcadora. En el caso de nuestra nación, la cuestión de la unidad se presenta como la exigencia de mayor urgencia por su carácter y por la singularidad de su desarrollo histórico. Ella es una nación homogénea con una larguísima historia y cultura, por eso sus integrantes poseen un alto espíritu de amor al país y gran capacidad para unirse. Sin embargo, en el pasado tuvo que sufrir la tragedia de convertirse en apátrida a causa de las riñas sectarias y los actos serviles y vendepatria de los corruptos e incapaces gobernantes feudales, y posteriormente también el movimiento nacionalista y el comunista inicial no pudieron evitar el fracaso debido al sectarismo y el servilismo a las potencias. La idea del gran Líder sobre la magna unidad nacional fue una destacada idea que indicó el camino más correcto para defender y manifestar en alto grado nuestro excelente carácter nacional, poner fin a la bochornosa historia de martirio nacional y alcanzar la soberanía e independencia del país y el florecimiento y prosperidad de la nación. Gracias a que el estimado camarada Kim Il Sung, creador de la gran doctrina Juche y poseedor de un sublime amor a la Patria y la nación, ilimitada magnanimidad y fuerza atractiva, planteó la original idea de la gran unidad nacional, nuestra nación ha llegado a tener una poderosa arma ideológico-espiritual que le permite alcanzar la gran unidad y forjar su destino de modo independiente. Esta idea es original, dado que, reflejando la corriente principal de nuestra época, cuando todas las naciones y todos los puebles oprimidos han obtenido la emancipación y la soberanía y avanzan hacia la plena independencia, expuso en un nuevo plano y definió en forma integral y con profundidad la cuestión de la unidad nacional, junto con el problema nacional; es una gran idea que sirve a los pueblos del mundo de correcta guía y bandera de lucha para la victoria de la causa antiimperialista y por la independencia. El que el Líder planteara sobre la base de la doctrina Juche la teoría en cuanto a la nación y la idea de la gran unidad pannacional, al aclarar científicamente y en un nuevo plano la cuestión de la nación y la de su unidad, constituye uno de sus grandes méritos ideo-teóricos y un destacado aporte al ejercicio de la independencia en el mundo entero y la causa de la independencia de la humanidad. El camarada Kim Il Sung no sólo presentó la original idea de la gran unidad nacional, sino que también durante toda su vida dedicó tesoneros esfuerzos y desvelos para lograr la unidad de nuestra nación.

En el período de la Lucha Revolucionaria Antijaponesa, al agrupar a las fuerzas patrióticas de diferentes clases y sectores sociales bajo la bandera de la resistencia antijaponesa logró conducir la lucha antijaponesa de liberación nacional hacia la victoria. La Asociación por la Restauración de la Patria, constituida en esa época, fue una organización del frente unido nacional antijaponés, que abarcaba a amplias fuerzas patrióticas, entre ellas comunistas, nacionalistas, obreros campesinos, intelectuales, jóvenes estudiantes, e incluso religiosos y capitalistas con conciencia; ella echó profundas raíces en extensas regiones del interior y exterior del país. En el curso de la sagrada lucha para alcanzar la emancipación de la Patria con la movilización general de las fuerzas patrióticas antijaponesas bajo la dirección del gran Líder, se adquirieron inapreciable experiencias y se establecieron valiosas tradiciones de unidad nacional. Después de la liberación el gran Líder, al lanzar la consigna de que toda la nación contribuyera unida a la construcción de la nueva Patria, aportando cada cual según sus posibilidades, fuerza, conocimientos o dinero, hizo que los hombres de diferentes clases y sectores que amaban al país, la nación, se movilizaran unánimemente para la edificación de un Estado democrático, soberano e independiente. Ante la división del territorio y la nación surgió la tarea de lograr la gran unidad pannacional como la cuestión más seria y apremiante relacionada con su destino. Desde los primeros días de la escisión del país el Líder dirigió sabiamente la lucha por la realización de la gran unidad nacional bajo la bandera de la reunificación de la Patria, gracias a lo cual el movimiento por esta causa se extendió y desarrolló como un movimiento de toda la nación. Abrió el camino para los diálogos y las negociaciones entre el Norte y el Sur que se encontraban en un estado de separación total, preparó sólidos cimientos para la unión nacional y la reintegración del país al formular los tres principios para alcanzarla: la independencia, la reunificación pacífica y la gran unidad nacional, y guió a los compatriotas de todas las clases y sectores, tanto del Norte y el Sur como en el extranjero, por el camino patriótico de la unidad de la nación y su reintegración. El “Programa de Diez Puntos de la Gran Unidad Pannacional para la Reunificación de la Patria” que proclamara el Líder en las postrimerías de su vida, constituye la síntesis de su idea sobre la gran unidad nacional y de sus experiencias prácticas, un manual perenne para lograr este objetivo. En él están señalados de modo claro el principio esencial y el cimiento del ideal que han de mantenerse para la gran unión nacional, así como las tareas y vías concretas para alcanzarla. La idea de la gran unidad nacional y el Programa de Diez Puntos de la Gran Unidad Pannacional que presentó el camarada Kim Il Sung, y sus valiosas experiencias y méritos en la práctica, constituyen tesoros de valor perenne para nuestra Patria y nación, y la sólida base para su gran unidad y su reintegración. Es nuestra inconmovible determinación y voluntad defender y llevar adelante sin el menor titubeo la gran idea de la unión nacional que nos legara el Líder, y los méritos, las ricas experiencias y tradiciones que él acumulara en esta causa, para así lograr la unidad pannacional y reunificar la Patria en la época de nuestra generación. Sosteniendo en alto la idea del Líder para la magna unión nacional y el Programa de Diez Puntos de la Gran Unidad Pannacional, debemos luchar de modo dinámico para alcanzar la unidad de todos los compatriotas tanto del Norte y el Sur como en el extranjero y lograr la reunificación independiente y pacífica de la Patria con las fuerzas mancomunadas de la nación.

El sujeto de la reunificación de la patria es nuestra nación y esta causa es destinada a ligar las cortadas arterías de la nación escindida en Norte y Sur, y alcanzar su unión. Al margen de la concordia del Norte y el Sur y la gran unidad de la nación, no se puede pensar en su reintegración por vía independiente y pacífica. La gran unidad pannacional es precisamente la reunificación de la Patria. Hoy día, la gran unidad de nuestra nación y su reintegración se presenta más que nunca como una cuestión apremiante. Tanto por la situación interna y externa como por los intereses fundamentales de nuestra nación y la tendencia de la época, este es precisamente el momento en que todos los compatriotas deben unirse para salvar el destino del país y hacer gala de la dignidad y el honor como una sola nación con una sola Patria reunificada. Poner fin a la separación del territorio y la nación, tragedia que dura más de medio siglo, alcanzar la unión nacional y la reunificación de la Patria constituye la exigencia vital y la tarea suprema de la nación que no pueden aplazarse por más tiempo. Cuanto más se prolonga la división, tanto más aumentan la desgracia y el dolor de nuestra nación y el peligro de su diferenciación. De agudizarse el estado de desconfianza y oposición entre el Norte y el Sur es posible que se produzca una catástrofe nacional. Actualmente, las fuerzas foráneas que no desean la reunificación de Corea fomentan la confrontación Norte-Sur para pescar en río revuelto, y los imperialistas intensifican por todas partes los actos de dominación bajo el rótulo de la “globalización”. Si en la actual situación compleja y difícil, nuestro país, separado en Norte y Sur, permanece en estado de enfrentamiento, la nación no podrá librarse del dominio y la subyugación de fuerzas extranjeras sino volverá a convertirse en víctima de su engaño y a sufrir el destino de esclavo colonial. Nadie que posee el espíritu de la nación coreana puede permanecer indiferente ante su unidad y reintegración. Si, desestimando la cuestión de la reunificación de la Patria, trata de postergarse su solución, esto no pasa de ser estatuir y perpetuar la división. Nuestra nación tiene que vencer todas las dificultades y los obstáculos interpuestos en el camino de su reintegración y alcanzar cuanto antes su gran unidad para realizar esta obra; y sin duda alguna lo logrará. No se encuentran en estado de confrontación dos naciones diferentes en el Norte y el Sur de Corea sino una misma nación separada artificialmente por fuerzas foráneas en su territorio patrio único. La coreana es una sola nación que a lo largo de milenios hereda una misma sangre, habla un mismo idioma y vive en un mismo territorio. Todos los coreanos, tanto los que residen en el Norte y el Sur como en el extranjero, integran una misma nacional con una misma sangre y espíritu, y están inseparablemente ligados por los intereses, sicología y sentimientos nacionales comunes. Ninguna fuerza puede separar para siempre ni eliminar a la homogénea nación coreana que se ha formado y desarrollado a lo largo de su larguísima historia ni tampoco suprimir nuestra nacionalidad. El que hoy nuestra nación se encuentre separada en Norte y Sur es un infortunio y desgracia temporales en los 5 mil años de su historia. La reintegración de nuestra nación, dividida por fuerzas foráneas, es la tendencia inevitable de su historia y una exigencia legítima de su desarrollo. En el pasado, al ocupar nuestro país los imperialistas japoneses aplicaron la más cruel dominación colonial y perpetraron toda índole de maquinaciones para exterminar a nuestra nación, pero los revolucionarios y los habitantes patrióticos de Corea libraron una sangrienta lucha para rescatar la Patria y salvar la nación, y finalmente lograron derrotar al

imperialismo japonés y recuperar el país. Después de la derrota de los imperialistas japoneses en el Sur de Corea entraron los imperialistas norteamericanos, quienes, actuando como dueños y violando nuestra soberanía nacional, han perpetrado persistentes maniobras para dividir para siempre a nuestra nación, pero en el corazón de la población surcoreana se mantiene el espíritu nacional. Allí amplios sectores de la población y los jóvenes estudiantes no dejan de luchar con valentía contra la dominación de las fuerzas foráneas y los actos vendepatria, de traición, de los gobernantes, lo cual es una manifestación de la indignación nacional de los hermanos surcoreanos que se oponen a la opresión y el oprobio, y demuestra el acerado temperamento de nuestra nación, que no se doblega ante nada. Con el paso de los días crece la disposición de nuestra nación para la reunificación y no se puede doblegar ni suprimir su voluntad y aspiración a alcanzarla con todas sus fuerzas mancomunadas. Nuestro deber es luchar de modo más enérgico y con plena confianza y optimismo para alcanzar la gran unidad pannacional y la reunificación independiente y pacífica de la Patria. La gran unidad de la nación debe basarse de modo estricto en el principio de la independencia nacional. La independencia es la vida de la nación y su defensa constituye la garantía fundamental de su existencia y progreso. Sólo manteniendo el principio de la independencia nacional es posible defender los derechos e intereses de la nación y forjar su destino de manera independiente, según su voluntad y exigencias, así como ejercer con dignidad la soberanía en la palestra internacional y desarrollar las relaciones exteriores sobre la base del principio de total igualdad y beneficio mutuo. La independencia lleva implícitos la dignidad, el honor, el

orgullo, la indoblegable voluntad y el espíritu nacionales. Si una nación, perdiendo la independencia, no logra rechazar la dominación y dependencia de fuerzas extranjeras, se verán pisoteados sus derechos e intereses, su nacionalidad y dignidad, y no podrá evitar el desprecio y la humillación nacional y el destino de apátrida. El núcleo de la solución de las cuestiones nacionales y el cimiento de las bases de la gran unidad pannacional es el principio de la independencia nacional. Si la nación lucha unida, es para salvaguardar su independencia contra la dominación y subyugación de fuerzas extranjeras. Nuestra lucha para lograr la unidad de toda la nación es, precisamente, la lucha para establecer la soberanía nacional en todo el país, realizar la gran empresa de la reunificación de la Patria con las propias fuerzas de nuestra nación y alcanzar el desarrollo independiente de la Patria reunificada y la prosperidad común nacional. Tanto la gran unidad nacional como la reunificación de la patria son necesarias para salvaguardar la independencia del país, la nación. El principio de la independencia nacional constituye la piedra de toque para distinguir el amor a la Patria y la nación de los actos vendepatria y traidores, y la línea de reunificación de la línea de división. Pregonar la independencia, la reconciliación y la unión entre el Norte y el Sur, persiguiendo el objetivo de depender de fuerzas extranjeras, no pasa de ser palabrería inútil. Tal como el amor a la Patria y la nación es incompatible con los actos vendepatria y traidores, así tampoco pueden compaginar la independencia nacional y la dependencia de fuerzas extranjeras. Quienesquiera que sean, si desean verdaderamente la reconciliación entre el Norte y el Sur, la unión nacional y la reunificación de la patria, no deben marchar por el camino de la dependencia de fuerzas extranjeras, sino por el de la independencia nacional. La unidad nacional es, en todos los casos, para defender y ejercer la independencia nacional, y al margen del principio de la independencia nacional no se puede hablar de la unión de la nación. Sólo cuando logre la gran unidad pannacional sobre la base del principio de la independencia, nuestra nación puede ser verdadera dueña de su destino, y gran fuerza impulsora, y fuerza decisiva, para su prosperidad y para la reunificación de la Patria. Oponiéndonos categóricamente al servilismo a las grandes potencias y la dependencia de fuerzas foráneas, debemos lograr la gran unidad de la nación sobre la base del principio de la independencia nacional. Todos los compatriotas deben unirse bajo la bandera del amor a la nación y el país, la de la reunificación de la Patria. Amar al país y la nación y apreciar su nacionalidad viene a ser la disposición sicológica, emotiva e ideológica común de los miembros de la nación. La nuestra es una nación con fuerte carácter propio, que mantiene y despliega su espíritu como lo más valioso y que ama con fervor a su Patria y los compatriotas. El espíritu de nuestra nación de amar al país y los compatriotas y su idiosincrasia constituyen la sólida base ideológico-espiritual para la gran unidad pannacional. Sobre todo, para la nación coreana que ha experimentado toda clase de infortunios y penalidades a causa de su división, la reunificación de la Patria se presenta como su mayor exigencia y es su andera de lucha común, la bandera de la gran unidad pannacional. Toda la nación coreana tiene que unirse sobre la base de su propio carácter y por su gran causa común. Entre el Norte y el Sur que llevan más de medio siglo de división existen diversas diferencias, sobre todo en las ideologías y los regímenes, pero sus comunidades como una sola nación son mucho más grandes que estas diferencias.

Aunque son diferentes las exigencias y los intereses de las distintas clases y capas sociales que integran nuestra nación, la tarea primordial que hoy ella encara es reunificar la patria, causa a la que debe subordinarse todo. Si, considerando absolutas las diferencias entre el Norte y el Sur en las ideologías y los regímenes y poniendo en primer plano los intereses de las clases o las capas en particular, se vuelven las espaldas a las comunidades y los intereses comunes de la nación, no es posible alcanzar ni su gran unidad ni tampoco su reintegración. Todos los connacionales, tanto en el Norte y el Sur como en el extranjero, se deben mancomunar con firmeza bajo la bandera del amor al país, a la nación, la bandera de la reunificación de la Patria, sin tener en cuenta diferencias de ideología, régimen, criterio político y creencia religiosa, y por encima de los intereses de las clases y capas sociales. Todos los miembros de la nación, sin distinción de obreros, campesinos, intelectuales, jóvenes estudiantes, pequeña burguesía urbana, capitalistas nacionales, políticos, hombres de economía y cultura, religiosos y militares, han de luchar unidos por la reunificación de la Patria y hacer activas contribuciones a esta causa. Es nuestra firme posición e invariable política abrazar y aglutinar para la gran unidad pannacional, sin importarnos las ideologías, los regímenes y las clases y capas sociales, a todas las personas que aprecian y mantienen el espíritu nacional, a todas las que aman al país, la nación. Nuestra política abarcadora se basa en el sublime humanitarismo que acoge con amor a todo el mundo en un regazo, la más amplia política de amor al país, la nación, que agrupa firmemente a todas las clases y los sectores sociales por su causa común. Ejerciendo invariablemente esta política abarcadora en el camino por la unidad nacional y la reunificación de la Patria, nos uniremos con todas las personas que aspiran a esta causa manteniendo la conciencia nacional, y marcharemos juntos, mano a mano, en las mismas filas por esta causa. También los hombres que por un tiempo siguieron el camino equivocado, puede que se arrepientan de su error y tomen el camino patriótico. En cuanto a las personas que, aunque en el pasado traicionaron a la nación y emprendieron un camino equivocado, si hoy se arrepienten sinceramente de sus errores y están dispuestas a contribuir a la causa de la reunificación de la Patria, las trataremos con indulgencia, ateniéndonos al principio de no preguntar su pasado, y marcharemos juntos por la reunificación de la patria. Si la capa superior gobernante, las personalidades de los partidos en el poder o en la oposición, los grandes capitalistas y los generales del ejército del Sur de Corea estiman los intereses comunes de la nación y desean la reunificación del país, también nos uniremos con ellos bajo la bandera de la gran unidad nacional. Y con aquellas personas con quienes nos unamos una vez iremos mancomunando las fuerzas no sólo en el camino de la reunificación de la Patria sino también en la lucha por su enriquecimiento y prosperidad después de reintegrada, y en cuanto a las que han contribuido a la reunificación, las valoraremos altamente en nombre de la nación. Con miras a lograr la gran unidad de nuestra nación es indispensable mejorar las relaciones entre el Norte y el Sur. Convertir las actuales relaciones de desconfianza y confrontación entre el Norte y el Sur en relaciones de confianza y reconciliación, se presenta como una exigencia apremiante para alcanzar la unidad nacional y la reunificación de la patria. Las sucesivas autoridades de Corea del Sur impidieron la conciliación entre el Norte y el Sur y obstaculizaron desde todos los ángulos la gran unidad nacional, valiéndose de la política de confrontación con el Norte, de hostilizar a los compatriotas y sembrar la antipatía y la discordia en el seno de la nación. Esta política de las autoridades surcoreanas contra el Norte constituye la causa del malentendido y la desconfianza entre el Norte y el Sur, y el obstáculo para el mejoramiento de las relaciones entre ambas partes y la unidad de la nación. Si las autoridades surcoreanas siguen persistiendo en aplicar esta política, es imposible crear una atmósfera de confianza y de reconciliación entre el Norte y el Sur y además se puede agudizar la tensión y acarrear una consecuencia irreparable. En vista de que en el Norte y el Sur existen diferentes ideologías y regímenes, si se rechazan los de una u otra parte, no puede evitarse el enfrentamiento. Entre ambas partes deben alcanzar la concordia y promover la coexistencia, la coprosperidad y el beneficio recíproco sobre la base del reconocimiento de la existencia de diferentes ideologías y regímenes, para allanar juntos el camino de la reunificación de la Patria. Cualquiera será censurado y condenado por el pueblo y juzgado por la historia si, amparado por fuerzas extranjeras y haciéndoles el juego, hostiga a los compatriotas y persiste en una política de enfrentamiento con el Norte. Lo corrobora el trágico fin de los sucesivos gobernantes de Corea del Sur. Si sus autoridades actuales no quieren ir por el camino por el que fueron ellos, tienen que sacar lecciones de su destino y tomar con audacia la determinación de romper con el anacrónico enfrentamiento con el Norte. Cuando ellos, cambiando de política, adopten una política de alianza y reconciliación con el Norte abandonando la de enfrentamiento, las relaciones Norte-Sur se desarrollarán sobre la base de la confianza y concordia y se creará una nueva coyuntura para el logro de la unión nacional y la reunificación de la Patria. Las autoridades surcoreanas, asumiendo la posición de amar a la Patria y la nación, tienen que cambiar la política de enfrentamiento con el Norte por la de alianza y reconciliación y tomar el camino de unión y concordia nacional. Deben ser suprimidos en Corea del Sur las leyes y los aparatos fascistas, y destruido todo tipo de barrera política que impide la unión de la nación y su reintegración. Es clara nuestra posición para con las autoridades de Corea del Sur. Si nos hemos opuesto a sus sucesivos gobernantes, no ha sido porque estuvieran en el poder. A lo que nos hemos opuesto fue a la política de dependencia de las fuerzas extranjeras, a su política contra la reunificación y a sus actos vendepatria, traidores a la nación. Si de veras adoptan la posición de amar a la Patria y la nación, la de alianza y unión con el Norte, forjaremos junto con ellos el destino de la nación. Para alcanzar la gran unidad nacional debemos rechazar el dominio y la intervención de fuerzas extranjeras y luchar contra los traidores a la nación, fuerzas coligadas con ellas en contra de la reunificación. El dominio y la intervención extranjeros constituyen el obstáculo principal para la unión de nuestra nación y su reintegración. Por obra de las fuerzas foráneas nuestra nación fue dividida en Norte y Sur, y por su dominio e intervención el país y la nación no han llegado aún a la reunificación. Dominar a otras naciones mediante la división es un procedimiento habitual de los imperialistas. Estados Unidos persigue invariablemente su ambición de dominar a nuestra nación en estado de separación permanente, desoyendo su reclamo de reunificación y en contra de la corriente de la época de independencia. Siembra antipatía y discordia dentro de nuestra nación, incita a los gobernantes surcoreanos a enfrentarse a sus compatriotas, mantiene de continuo sus tropas en Corea del Sur y agrava la situación con constantes ejercicios militares e incremento de las fuerzas armadas. Los sucesivos gobernantes de Corea del Sur, instigados y controlados por fuerzas extranjeras, levantaron la muralla de la división, agudizaron el estado de enfrentamiento político y militar entre el Norte y el Sur, reprimieron a la población surcoreana que aspira a la independencia, la democracia y la reunificación de la Patria, y perpetraron todo tipo de maquinaciones para dividir y desintegrar a las fuerzas patrióticas y democráticas partidarias de la reunificación. Sin luchar contra el dominio y la intervención extranjeros, y contra los divisionistas nacionales y foráneos, no es posible lograr la unión del Norte y el Sur, ni la gran unidad nacional ni la reunificación de la Patria. Todos los connacionales en el Norte, el Sur y en el exterior, desplegando una lucha pannacional contra el dominio y la intervención de las fuerzas extranjeras, deben eliminar por completo los factores principales que impiden la unidad nacional y la reunificación de la Patria. Igualmente, tienen que luchar tenazmente contra la política antirreunificación y las maquinaciones de división nacional de los traidores que se alían con las fuerzas foráneas por el poder y por su enriquecimiento y bienestar personal, sin tener en consideración el destino de la nación. Las fuerzas patrióticas y democráticas partidarias de la reunificación deben elevar la vigilancia ante las taimadas maquinaciones de los divisionistas encaminadas a sembrar cizaña entre ellas y desintegrarlas, y hacerles frente con la fuerza de la unidad. Todos los partidos, organizaciones, personalidades de diversos sectores, y en fin todo el pueblo que ama al país y aspira a la reunificación, deben reclamar como algo perentorio la unión nacional y la gran empresa de la reunificación de la Patria, fortalecer la unidad, ampliar sin cesar las filas de los patriotas por la reunificación y fortalecerlas en lo orgánico. Con miras a alcanzar la gran unidad nacional todos los connacionales en el Norte, el Sur y en otras tierras deben visitarse y contactar unos con otros, desarrollar el diálogo y fortalecer la solidaridad y la alianza. Realizar en amplia escala viajes, contactos y diálogos tales y lograr la solidaridad y alianza entre los compatriotas viene a ser una de las importantes vías para lograr la gran unidad nacional. Aunque existen en el seno de nuestra nación diferencias de ideología e ideal, de criterio político y creencia religiosa, si todos los coreanos del Norte y el Sur y en el extranjero realizan viajes y contactos libres, sostienen diálogos y fortalecen la solidaridad y alianza llegarán a profundizar la comprensión y confianza recíprocas y aunar el propósito y las fuerzas en el logro del objetivo común de la nación. Con el noble ideal de la gran unidad nacional y la reunificación de la Patria, deben esforzarse con tesón para ver realizados los viajes, contactos y diálogos, y lograr la solidaridad y alianza organizada. Los diálogos entre el Norte y el Sur deben ser encaminados a alcanzar la unión de la nación y su reintegración. Nadie debe utilizarlos para perseguir un insidioso propósito político o para mantener el estado de división del país. Estas conversaciones hay que realizarlas sobre la base del principio de dar prioridad a los intereses nacionales comunes, eliminar la desconfianza y el estado de enfrentamiento entre ambas partes y subordinarlo todo a la reunificación. No deben ser monopolizadas por un puñado de gobernantes, ni por las clases y capas privilegiadas, sino efectuarse con gran amplitud como conversaciones de toda la nación, capaces de recoger las opiniones de todos los partidos, grupos, clases y sectores sociales. En ellas deben participar ampliamente los representantes de todos los partidos políticos y las organizaciones sociales, personalidades y otros integrantes de diferentes clases y sectores del pueblo, incluidas las autoridades de las dos partes, y compatriotas en el extranjero; deben promoverse activamente diálogos y negociaciones bilaterales y multilaterales, de diferentes formas. La unidad de toda la nación será lograda y consolidada en el curso de desarrollar las acciones conjuntas estableciendo la solidaridad y alianza en la lucha por la reunificación de la Patria. Todos los partidos políticos, las organizaciones y los compatriotas de diferentes clases y capas sociales en el Norte, el Sur y el extranjero deben desplegar enérgicamente acciones conjuntas apoyándose unos a otros y actuando de conjunto en la lucha por la reintegración de la Patria. La lucha de nuestro pueblo por la reunificación independiente y pacífica de la Patria entra hoy en una nueva fase histórica. Aunque en este camino siguen interpuestos múltiples obstáculos y dificultades vemos con optimismo las perspectivas de esa causa. Nuestra nación es una sola y nuestra Patria lo es también. Nuestra nación conseguirá indefectiblemente la gran unidad bajo la bandera de la reunificación. Estoy seguro de que todos los connacionales en el Norte, el Sur y en el extranjero, luchando firmemente unidos, alcanzarán la causa histórica de la reunificación de la Patria en la época de nuestra generación, según el legado del gran Líder, camarada Kim Il Sung, al respecto.

Ana Teresa Delgado de Marin

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