SOBRE LOS TRES PRINCIPIOS DE LA REUNIFICACIÓN DE LA PATRIA

SOBRE LOS TRES PRINCIPIOS  DE LA REUNIFICACIÓN  DE LA PATRIA

Obra de KIM IL SUNG


(Palabras a los delegados de la parte surcoreana,
participantes en las negociaciones
políticas de alto nivel Norte-Sur
3 de mayo y 3 de noviembre de 1972)


1. SOBRE LOS TRES PRINCIPIOS DE
LA REUNIFICACIÓN DE LA PATRIA

Me es grato encontrarme hoy con usted.
Me siento muy contento y conmovido por este encuentro
entre compatriotas al cabo de una larga separación, impuesta por
la división nacional.
Usted ha afirmado que para discutir el problema de la
reunificación nacional ha venido aquí a despecho de todos los
riesgos, lo que considero un acto sumamente valeroso e intrépido.
Es muy positivo que las autoridades surcoreanas hayan adoptado
la decisión de participar en las negociaciones políticas entre el
Norte y el Sur y lo haya enviado a usted como su representante.
Nosotros saludamos calurosamente este gesto.
En mi discurso del 6 de agosto del pasado año declaré que
estamos dispuestos a entablar contactos en cualquier momento con
todos los partidos políticos, organizaciones sociales y
personalidades individuales de Corea del Sur, incluyendo al
Partido Democrático Republicano. Unos días después, la parte
surcoreana manifestó estar conforme con realizar negociaciones
entre las organizaciones de la Cruz Roja del Norte y del Sur, y así
pudieron iniciarse las conversaciones preliminares entre ellas y,
posteriormente, teniéndolas como punto de partida, pudieron
efectuarse las negociaciones políticas bilaterales de alto nivel.
El que se haya abierto la puerta de los contactos y diálogos
entre el Norte y el Sur, que permaneció por largo tiempo
herméticamente cerrada, y los delegados de alto nivel hayan
llegado a encontrarse directamente e intercambiar con toda

franqueza sus opiniones, constituye un gran avance en la solución
del problema de la reunificación de la patria.
En la hora actual, toda la nación desea por unanimidad la
reunificación de la patria. Para la nación coreana no existe hoy
cuestión más apremiante que esta. Si no se logra reunificar cuanto
antes a la patria y se prolonga su escisión, nuestra nación puede
convertirse en un objeto de caprichos de las potencias y separarse
para siempre en dos naciones.
El aspecto más importante que caracteriza a una nación es la
comunidad del idioma y de la vida cultural. De gente que se
diferencia en lengua hablada y escrita, en cultura y costumbres, no
puede afirmarse que procede de una misma nación, aunque herede
la misma sangre. Así, pues, como nuestro país ha permanecido
mucho tiempo en estado de separación se van diferenciando entre
el Norte y el Sur el idioma, la cultura y el modo de vida. Cuanto
más dure la división nacional tanto más crecerá esa diferencia.
Después de la liberación, en el Norte algunos propusieron
reformar el alfabeto, pero yo me opuse a ese proyecto. Si se lleva a
cabo la reforma del alfabeto estando dividido el país, la nación

coreana puede separarse para siempre en dos. Por eso, en aquel
entonces yo convencí a los lingüistas de que si fuera precisa esa
reforma, deberían efectuarla después de que se reunificara la patria,
pero nunca antes. Estando el país dividido, si una parte reforma el
alfabeto, el Norte y el Sur lo utilizarán distinto y, en consecuencia,
nuestra nación correrá el riesgo de escindirse definitivamente en
dos naciones.
No podemos admitir que la nación coreana se divida para
siempre en dos. Debemos alcanzar cuanto antes la reunificación y
legar una sola patria a las generaciones venideras. Si la logramos,
poniendo fin a su división, nuestro país será una potencia con 50
millones de habitantes, una brillante cultura nacional y una poderosa
economía nacional, por lo que nadie se atreverá a tocarlo.


Para reunificar la patria es necesario establecer correctos
principios fundamentales que sirvan de base a la solución de este
problema. Esta es la cuestión de mayor importancia. Solo cuando
contemos con principios fundamentales de común acuerdo, el
Norte y el Sur podrán realizar esfuerzos conjuntos por la
reunificación de la patria y resolver con éxito todos los problemas
que surgen en este proceso.
Considero que el problema de la reunificación de nuestro país
debe resolverse, necesariamente, de modo independiente, sin
intervención de fuerzas extranjeras, y por vía pacífica, sobre el
principio de promover la gran unidad nacional.

Primero, la patria debe ser reunificada de manera
independiente, sin depender de las fuerzas foráneas ni tolerar
sus intervenciones.

Resolver por vía independiente el problema de la reunificación
de la patria, sobre la base del principio de la autodeterminación
nacional, es la posición de principios que mantiene invariable el
Gobierno de nuestra República.
Dependiendo de las fuerzas extranjeras es imposible resolver
este problema. Este es un asunto interno de nuestro país en todo
el sentido de la palabra. Si una nación trata de arreglar sus asuntos
con el apoyo de fuerzas foráneas, y no por su propia cuenta, ella se
cubrirá de ignominia.
Actualmente hay algunos que quieren solucionar el problema
de la reunificación del país con cierto aseguramiento de las
potencias extranjeras. Están en un gran error. Las potencias
imperialistas no desean la reunificación de nuestro país. De hecho,
ellas prefieren la división de otros países y naciones a su unión,
porque en este caso es difícil dominarlos, y por eso tratan de
dividirlos a toda costa. Por tanto, bajo ninguna circunstancia debe

tratarse de resolver el problema de la reunificación de la patria
apoyándose en las potencias.
Si nosotros, los connacionales,
establecemos contactos y diálogos, es del todo posible disipar los
equívocos y la desconfianza, y lograr la unidad y la reunificación
de la nación. Siendo así, ¿para qué recurrir a las fuerzas de las
potencias?
No debemos admitir bajo ningún concepto la intervención de
fuerzas extranjeras en los asuntos internos de Corea. Ninguna
fuerza extraña tiene derecho a inmiscuirse en los asuntos internos
de Corea, y bajo esa intervención no podemos realizar la
reunificación, de acuerdo con el deseo y los intereses de nuestra
nación. Este problema debe resolverse únicamente por los
esfuerzos de la misma nación coreana, sin injerencia de ninguna
fuerza foránea.
Usted ha jurado que jamás será lacayo ni de Estados Unidos ni
de Japón, asegurando que las autoridades surcoreanas también se
oponen a la intervención de las fuerzas exteriores y quieren
solucionar de modo independiente el problema de la reunificación
del país, sin invitar a EE.UU. y Japón. Si eso es verdad, no habrá
nada mejor.
Para realizar la reunificación independiente de la patria
rechazando la injerencia de fuerzas exteriores, hay que oponerse
estrictamente al servilismo a las grandes potencias.
Siempre digo a nuestros funcionarios que si el hombre, la
nación y el Partido practican el servilismo a las grandes potencias,
el primero se convierte en un don nadie, la segunda se arruina y el
tercero fracasa en la revolución y su construcción. Para ser
independiente, el hombre nunca debe caer en este servilismo, en la
ciega adoración a otro.
Como quiera que nuestro país está situado geográficamente
entre grandes países, el servilismo a las grandes potencias ha
tenido una manifestación acentuada entre nuestros hombres a lo

largo de la historia. Después de la liberación, obstaculizó el
movimiento de avance de nuestro pueblo por la construcción de
una nueva sociedad. Por eso, hasta ahora venimos combatiéndolo
incansablemente.
Voy a referirme a un hecho ocurrido a raíz de la liberación.
Entonces entre las personas que se autodenominaban comunistas,
había no pocas permeadas por el servilismo a las grandes
potencias. En Seúl, Pak Jon Yong dijo de modo absurdo que haría
de nuestro país una república federativa de otro país. Esto ejerció
una influencia muy negativa sobre la población surcoreana y creó
un gran obstáculo en la solución del problema de la reunificación.
Al escuchar sus palabras, algunas personas se preocuparon,
pensando si nuestro país no volvería a someterse a otro. Así fue
como en un discurso tuve que asegurarle al pueblo que íbamos a
construir una sociedad democrática no del tipo Soviet ni
norteamericano, sino de tipo coreano, que se ajustara a los
intereses de la nación coreana.
Después de la guerra, cuando planteamos la orientación sobre
la cooperativización agrícola, no pocas personas se pusieron a
murmurar. Algunos preguntaban cómo era posible cooperativizar
la economía rural en Corea donde la industria estaba destruida por
completo, mientras este proceso no se llevaba a cabo todavía de
lleno, incluso, en los países europeos con una industria
desarrollada. Como individuos serviles a las grandes potencias
dócilmente prestaban oídos a lo que decía la gente de los países
grandes, les repliqué con las palabras de Lenin. En cierta ocasión
Lenin afirmó que aun una economía común que fusiona
simplemente las tierras y aperos agrícolas de los campesinos,
muestra ventajas notables sobre la economía privada. Pues les dije
que la orientación de nuestro Partido para la cooperativización
agrícola convenía al leninismo y partía de la demanda real de
nuestro país, y les pregunté cómo podrían considerar como el

único camino correcto el de efectuar la cooperativización agrícola
después de la industrialización.
Por fin, ellos también
reconocieron que era justo nuestro planteamiento.
De hecho, en aquel tiempo nuestros campesinos se
encontraban en tal situación, que a menos de juntar sus fuerzas
mediante la cooperativización no podían subsistir. Debido a la
guerra, la agricultura fue espantosamente destruida y los
campesinos quedaron con pocos bueyes de labor y aperos
agrícolas. Lo mismo ocurrió también con los campesinos ricos. En
esta situación, hicimos que los campesinos organizaran las
cooperativas sobre la base del principio de la voluntariedad y
administraran su economía con fuerzas mancomunadas. Por
naturaleza a los coreanos nos gusta unir nuestras fuerzas y
ayudarnos unos a otros. Desde la antigüedad, nuestro pueblo tiene
una buena costumbre: si un vecino celebra la boda, toda la aldea le
ayuda de diversas formas, incluso con dinero, y va a la casa para
felicitarlo y divertirse juntos. Después de la guerra, nuestro país
contaba con un reducido número de máquinas agrícolas modernas,
pero, relativamente sin grandes tropiezos y en un breve tiempo,
pudimos realizar la cooperativización de la agricultura, porque la
propia vida la reclamaba con apremio y los campesinos
respaldaban activamente la orientación al respecto.
También en las relaciones económicas con otros países
rechazamos categóricamente la tendencia servilista y nos
mantuvimos firmemente en una posición independiente.
No toleramos ninguna relación que nos pueda someter
económicamente a otros países. Hemos establecido y
desarrollado las relaciones económicas exteriores basándonos
estrictamente en el principio de proteger la economía nacional y
el de asegurar una igualdad completa. En el comercio con los
países socialistas desarrollados les vendemos las materias primas
que nos piden solo cuando nos dan las que necesitamos, y les

compramos las máquinas solo a condición de que adquieran las
nuestras.
En la situación en que nuestro país no ha alcanzado
todavía un alto nivel de desarrollo tecnológico, si no
mantenemos este principio en las relaciones económicas con los
países desarrollados, nos veremos obligados a venderles de
continuo las materias primas, comprándoles en su lugar
productos elaborados. Al final, nos quedarían sólo las montañas
horadadas. ¿Acaso podemos dejar en herencia tales montañas a
nuestros descendientes?
Hemos realizado esfuerzos verdaderamente ingentes para
autosostenernos en lo económico, sin depender de otros países. Si
no logramos el autosostén económico mediante la construcción de
una economía nacional independiente, no podemos elevar el
prestigio del país en el exterior ni tener voz en la palestra
internacional. Si nadie se atreve a ejercer presiones sobre nosotros,
es porque hemos aplicado una política independiente en la esfera
de la construcción económica y edificado una economía nacional
autosostenida.
En el pasado, el servilismo a las grandes potencias se
manifestó muy gravemente en el campo de la literatura y el arte, y
nosotros lo combatimos reciamente.
Algunos escritores y artistas, adoradores de la literatura y el
arte de Europa, crearon obras que no se avenían al gusto de los
coreanos ni les eran comprensibles. Tiempo hubo en que los
poetas idolatraban a Puschkin y los músicos a Tchaikovski y
cuando creaban alguna ópera imitaban a la italiana. Era tan fuerte
la manifestación de ese servilismo que algunos pintores, al dibujar
los paisajes, no creaban cuadros representando bellos ríos y
montes de nuestro país, sino la naturaleza de otros países. En el
período de la Guerra de Liberación de la Patria, estuve de visita en
un hospital y vi colgado en una pared un cuadro con un paisaje
siberiano: un oso andando sobre un terreno nevado, bajo un alto

árbol. Por eso, critiqué severamente a los dirigentes
correspondientes: ¿Por qué han colgado esta pintura en lugar de
dibujar y colgar cuadros que representen la hermosa naturaleza de
Corea, donde hay muchos montes famosos, entre otros, el
Kumgang y el Myohyang? y ¿qué vale esa pintura para educar al
pueblo?
La nación coreana posee una espléndida cultura y viene
viviendo desde tiempos inmemoriales en este territorio de tres mil
ríes, tan hermoso como un bordado en oro. En el futuro también
tendrá que vivir aquí y no en Siberia o Europa. Por eso, nuestra
literatura y arte deben servir siempre para educar a nuestro pueblo
en el espíritu patriótico, es decir, en el amor a la patria. No puede
existir el internacionalismo al margen del patriotismo. Quien no
ama a su patria no puede ser fiel al internacionalismo. A los
coreanos no les agradan las obras artísticas de estilo europeo y no
quieren ver las que no se avengan a su gusto. No necesitamos
obras artísticas no amadas por los coreanos y ajenas a sus
sentimientos nacionales. Por eso, yo formulé el aforismo de que la
literatura y el arte del realismo socialista son aquellos que tienen el
contenido socialista y la forma nacional.
Hemos desarrollado la batalla contra el servilismo a las
grandes potencias por el método de la lucha ideológica, el
combate teórico destinado a suprimir esas ideas xenófilas en la
conciencia de los hombres. A través del prolongado proceso de
esta lucha logramos vencer consecuentemente ese servilismo y
mantener con firmeza el jajusong en todas las vertientes de la
revolución y su construcción.
En la solución del problema de la reunificación de la patria
debemos oponernos de manera terminante a la tendencia servilista,
sin tener confianza en la fuerza de nuestra nación. Únicamente,
debemos reunificar la patria de modo independiente, ateniéndonos
a la fuerza mancomunada de la nación coreana.


Segundo, debemos promover la gran unidad nacional por
encima de las diferencias de ideología, ideal y régimen.

El problema de la reunificación de nuestro país no consiste en
quién vence a quién. Es una cuestión concerniente al logro de la
unidad de la nación escindida por las fuerzas extranjeras y a la
realización de la soberanía nacional. Por eso, a fin de realizar la
reunificación de la patria hay que partir de la búsqueda de la
manera de lograr y promover la gran unidad nacional.
Para realizar la gran unidad nacional es necesario que tanto el
Norte como el Sur se sobrepongan a su ideología y su régimen y
dejen de aplicar la política de hostilidad.
Ahora existen ideas y regímenes diferentes en el Norte y el Sur
de nuestro país. En estas condiciones, ninguna parte debe tratar de
imponer a la otra su ideología y régimen. Nosotros no procuramos
imponer al Sur de Corea el régimen socialista e ideas comunistas.
Las autoridades surcoreanas, por su parte, tampoco deben tratar de
“reunificar el país mediante la victoria sobre el comunismo”, ni
imponernos renunciar al comunismo. Es decir, tienen que desistir
de la consigna del “anticomunismo”.
El Norte y el Sur deben abandonar la política de hostilidad
que impide la unidad y esforzarse juntos para hallar puntos
comunes. Si el uno y el otro, en vez de encontrar puntos comunes,

se ponen a enemistarse, acusándose recíprocamente por lo del
pasado, el abismo entre ambas partes aumentaría y la
reunificación de la patria se retardaría más. De hacerlo así,
cometerían, en última instancia, un grave crimen ante la patria y
la nación.
Creo que si el Norte y el Sur se esforzaran conjuntamente,
partiendo del sincero deseo de unirse, sin duda encontrarían
puntos comunes. Nosotros hemos venido haciendo ingentes

esfuerzos por encontrar estos puntos con vista a anticipar la
reunificación de la patria.
Últimamente las autoridades surcoreanas hablan de la
“autodependencia”, “autbsostén” y “autodefensa” y en esto vemos
la posibilidad de hallar ciertos puntos comunes. Pensamos que hay
algunos puntos convergentes entre la “autodependencia”,
“autosostén” y “autodefensa” de que hablan ellas, y la política
independiente de nuestro Partido y del Gobierno de nuestra
República. Si se encontraran uno por uno los puntos de identidad
existentes entre el Norte y el Sur y se lograra la unidad a partir de
ellos, podrá anticiparse la reunificación de la patria.
El problema importante para lograr la gran unidad nacional es
eliminar el malentendido y la desconfianza entre el Norte y el
Sur.
La larga división del país profundizó la diferencia entre el
Norte y el Sur y engendró muchos equívocos y desconfianza. Con
la incomprensión y la desconfianza recíprocas, es imposible
realizar una verdadera unidad nacional. No puede formarse una
familia sin una profunda confianza entre los cónyuges. Aunque
sean esposos, si no se tienen mutua confianza no pueden vivir
juntos y, a la larga, se separarán. El Norte y el Sur deben esforzarse
tesoneramente por eliminar las incomprensiones y la desconfianza
entre sí.
Con este fin las autoridades y otras personalidades del Norte y
el Sur deben tener contactos frecuentes y dialogar con sinceridad.
Si se encuentran y se consultan francamente cualquier problema,
será posible hacer desaparecer los equívocos y profundizar la
confianza.
A través del presente diálogo con usted ya se ha desvanecido
en gran medida la incomprensión existente entre el Norte y el Sur.
De haberse efectuado antes los diálogos Norte-Sur, habría sido
mucho mejor.

Hasta ahora creímos que los gobernantes surcoreanos,
convertidos en lacayos del imperialismo yanqui y del militarismo
japonés, querían venderles el país, pero usted nos aseguró que
nunca sucederá tal cosa.
Usted afirmó que las autoridades
surcoreanas no reintroducirán a los militaristas japoneses en Corea
del Sur ni se harán vendepatrias, lacayos de Estados Unidos ni de
Japón, y nos rogó reiteradas veces creerlo en absoluto. Pues,
daremos crédito a sus palabras y dejaremos de guardar la
desconfianza que teníamos hasta ahora.
Usted me dijo que los gobernantes surcoreanos nos entienden
mal, pensando que íbamos a “agredir al Sur” e intentamos “teñir
de rojo” al Sur de Corea, pero no tenemos el deseo de hacer ni lo
uno ni lo otro. Hasta ahora hemos declarado en varias ocasiones
que no tenemos la intención de “agredir al Sur”, y hoy volvemos a
afirmárselo claramente a usted. En cuanto a lo de “teñir de rojo” al
Sur de Corea, ese no es nuestro propósito ni es algo que puede
realizarse simplemente por que lo deseemos. Por eso, creo que
ustedes ya podrán disipar la mala interpretación que se hacían con
el pretexto de la “agresión al Sur” o de “teñir de rojo”. Si de esta
manera vamos eliminando la incomprensión y profundizando la
confianza, mediante contactos y diálogos, podremos lograr la gran
unidad nacional por encima de nuestra diferencia de ideología e
ideario, de régimen y creencia religiosa.
Otra cuestión importante para realizar la gran unidad nacional
es que entre el Norte y el Sur cesen la imputación y la difamación.
Lo que se necesita para la unidad y cooperación no es la
imputación y la difamación, sino el respeto mutuo. Si el Norte y el
Sur siguen denigrando uno al otro como hasta ahora, no podrán
acercarse, al contrario, se alejarán más. Por eso, ambos deben
comenzar por abstenerse de imputarse y desacreditarse renegando
uno de otro.
La colaboración económica entre el Norte y el Sur es también

un asunto muy importante para lograr la gran unidad
nacional.
El Norte de la República posee abundantes recursos naturales
y una industria pesada desarrollada. El Sur de Corea cuenta desde
antaño con cierta base de la industria ligera. Si el Norte y el Sur
colaboran económicamente y realizan intercambios económicos
de conveniencia mutua, podrán resolver de mejor forma los
problemas económicos inmediatos y con las propias fuerzas
desarrollar con rapidez la economía nacional, sin introducir el
capital extranjero. Entonces nuestro país podrá convertirse en un
país más rico que Japón u otros países desarrollados.
El Norte y el Sur deben actuar en común también en la esfera
de las relaciones exteriores. Solo así podrá demostrarse la unidad
de nuestra nación.
Consideramos que si tanto uno como otro aman por igual a la
nación y están dispuestos a reunificar la patria, lograrán la gran
unidad nacional por encima de sus diferencias de ideología,
régimen y conceptos políticos y religiosos. Mientras hasta países o

naciones con distintas ideologías y regímenes establecen entre sí
relaciones de amistad y se llevan bien, no puede haber motivo
alguno para que los miembros de una misma nación, por cuyas
venas corre la misma sangre, no lleguen a unirse y cooperar por
tener diferentes ideologías y regímenes.
Eso de profesar el comunismo, el nacionalismo o el
capitalismo no puede constituir impedimento alguno para lograr
la gran unidad nacional. No nos oponemos a los nacionalistas ni a
los capitalistas del Sur de Corea. Estos últimos son, en su mayoría,
capitalistas nacionales. Desde antes hemos venido aplicando una
política de proteger a los capitalistas nacionales. Nos uniremos y
cooperaremos con los nacionalistas, los capitalistas nacionales y
todos los demás sectores de la población del Sur de Corea en aras
de la reunificación del país.


Tercero, es preciso reunificar la patria por vía pacífica, sin
recurrir al uso de las fuerzas armadas.

Como somos integrantes de una misma nación, el Norte y el
Sur no deben pelear entre sí. Nuestro deber es reunificar a toda
costa, por vía pacífica, la patria dividida. En caso contrario, o sea,
si se desencadena otra guerra en Corea, nuestra nación sufrirá
terribles calamidades.
Hoy día, en el mundo incluso las potencias se inclinan a
llevarse bien, sin pelearse. Durante su reciente visita a China,
Nixon, el presidente estadounidense, manifestó que sería bueno
que no se desencadenara la guerra y se preserve la paz durante una
generación, y después de recorrer la Gran Muralla de ese país
opinó que ninguna barrera debe separar a los hombres de la Tierra.
Según el comunicado conjunto chino-estadounidense que se
publicó al concluir la visita de Nixon a China, Estados Unidos
reconoció los cinco principios de la paz que hasta entonces había
venido rechazando. Esto es loable. Desde luego, el tiempo
mostrará cómo los norteamericanos cumplen lo que han dicho.
Como son muchos los casos en que los imperialistas contradicen
con los hechos sus palabras, no podemos saber con exactitud si
Nixon fue sincero cuando afirmó eso durante su visita a China.
Al comentar el viaje de Nixon a China, nuestro periódico
Rodong Sinmun escribió: Si fueran sinceras las palabras que Nixon
pronunció después de su recorrido por la Gran Muralla, ¿por qué
entonces no quiere eliminar la Línea de Demarcación Militar
levantada por la mitad de nuestro país ni retirar a sus soldados que
andan a sus anchas en el Sur con cascos de “MP”? Considero justo
ese comentario.
Mientras hoy hasta las grandes potencias del mundo desean
llevarse bien, sin pelearse, ¿acaso es justo que combatamos entre
nosotros, que pertenecemos a la misma nación?
Dejemos de
pelearnos y reunifiquemos la patria por vía pacífica.
Para alcanzar ese objetivo, es necesario, ante todo, que el
Norte y el Sur reduzcan en gran medida sus efectivos militares.
De esta cuestión he hablado más de una vez en mis discursos
públicos.
Solo reduciendo los efectivos militares es posible aliviar la
tensión existente entre el Norte y el Sur y disminuir sus gastos
militares, los cuales son enormes en la hora actual.
También nos corresponde el deber de eliminar con esfuerzos
conjuntos la Línea de Demarcación Militar que secciona al país en
Norte y Sur.
En la situación actual, en que las colosales fuerzas armadas de
ambas partes se enfrentan separadas por la Línea de Demarcación
Militar, es imposible eliminar el peligro de la guerra. Es posible
que si por equivocación de algún comandante de regimiento o de
división, ubicados en esas zonas, se hace un solo disparo en un
punto de esa Línea, ambas partes se tiroteen y, en consecuencia, se
desate la guerra. Eso es muy peligroso.
Si en el futuro el Norte y el Sur llegan a un compromiso de no
usar las fuerzas armadas uno contra otro y lo ponen en práctica,
resultarán innecesarios las instalaciones y el personal militares que
tiene cada uno en las zonas de la Línea de Demarcación Militar y, a
la larga, desaparecerá esa misma Línea.
Por ahora, el Norte y el Sur abogan cada cual por la
autodefensa, pero, esa “autodefensa” no debe utilizarse por una
parte contra la otra. Ambas partes deben unir las fuerzas para
autodefenderse de la agresión exterior.
La autodefensa de nuestra República es, en todos los casos,
para rechazar la invasión extranjera contra nuestra nación. De
ninguna manera podemos tolerar que las fuerzas foráneas agredan
a nuestro país y nuestra nación.

Cuando los imperialistas yanquis enviaron su barco espía
armado “Pueblo” a las aguas jurisdiccionales de nuestra República,
los marinos de nuestro Ejército Popular lo capturaron.
Era una
justa medida autodefensiva del Ejército Popular que tiene la
misión de defender la patria. Pero, los yanquis, en vez de pedirnos
perdón, trajeron al Mar Este el portaviones “Enterprise” y otras
muchas fuerzas armadas para amenazarnos e intimidarnos. Esta
fue una violación flagrante de la soberanía de nuestra nación y un
grave acto provocativo. No nos doblegamos en lo más mínimo
ante esa amenaza y presión. Como los yanquis intentaron provocar
la guerra, trayendo enormes fuerzas armadas, asumimos la firme
decisión de combatirlos. Al ver que no nos rendíamos ante su
amenaza y presión los yanquis retrocedieron, sin atreverse a
atacarnos. Si ellos nos hubieran atacado entonces, nuestra nación
habría pasado otra guerra y hoy las autoridades del Norte y del Sur
no podrían reunirse así en un mismo lugar ni sostener
conversaciones pacíficas.
En adelante, si del exterior se perpetra una agresión a nuestro
país, el Norte y el Sur deben rechazarla con sus fuerzas unidas. Si
toda la nación coreana aúna sus fuerzas, podrá derrotar
infaliblemente a cualquier agresor.
Con esfuerzos conjuntos tenemos que ponerle fin al estado de
enfrentamiento militar y aliviar la tensión entre el Norte y el Sur
para prevenir otra guerra en Corea y reunificar la patria de manera
pacífica.
En el presente diálogo hemos encontrado importantes puntos
comunes entre el Norte y el Sur y hemos coincidido en el problema
más esencial.
Los tres principios: realizar la reunificación de manera
independiente, sin injerencia de las fuerzas extranjeras; lograr la
gran unidad nacional por encima de las diferencias de ideología,
ideal y régimen, y reunificar la patria dividida por vía pacífica, sin

el uso de las fuerzas armadas, vienen a ser el punto de partida, la
piedra angular para la solución del problema de la reunificación de
nuestro país.
Dado que usted ha aprobado la propuesta de solucionar la
cuestión de la reunificación del país sobre la base de estos tres
principios y ha expresado que la persona de máxima autoridad de
Corea del Sur lo hará también, podemos decir que hemos llegado a
un completo acuerdo respecto a los tres principios de la
reunificación de la patria.
Estoy muy satisfecho por el hecho de que en este diálogo se
hayan acordado entre el Norte y el Sur los tres principios de la
reunificación de la patria.
Estos tres principios que el Norte y el Sur han discutido en
conjunto y sobre los cuales han llegado a una identidad de
criterios, son principios muy justos que permiten resolver el
problema de la reunificación de la patria con arreglo a la
aspiración y la exigencia de nuestra nación. Debemos lograr a toda
costa la reunificación del país sobre la base de estos tres principios.
Usted ha jurado tomarlos como base para sus actividades. Si
cumple su palabra, podrá lograrse pronto la reunificación de
nuestra nación, resolviéndose con éxito otros problemas
concernientes.
Ahora que se han acordado los principios fundamentales de la
reunificación de la patria, nuestro deber es hallar maneras
concretas de aunar toda la nación y reunificar la patria,
aplicándolos. Esas vías concretas hay que buscarlas partiendo
siempre de los tres principios de la reunificación de la patria. Si el
Norte y el Sur hacen un profundo estudio y se consultan
sinceramente sobre la base de los tres principios: la independencia,
la gran unidad nacional y la reunificación pacífica, podrán
encontrar caminos correctos para la reunificación de la patria.
Con vistas a hallar las vías racionales para la reunificación

independiente y pacífica de la patria, es preciso promover más las
negociaciones políticas e intensificar los contactos y diálogos
entre el Norte y el Sur.
Con las recientes conversaciones sostenidas entre los
delegados de alto rango del Norte y del Sur podemos decir que se
han iniciado ya las negociaciones políticas. Una vez comenzadas
estas, debemos llevarlas adelante hasta lograr magníficos
resultados.
Como usted ha venido primero a Pyongyang, como respuesta
nos proponemos enviar en otra ocasión a nuestro delegado a Seúl.
Si en el curso de los repetidos intercambios de visitas de los
representantes del Norte y del Sur se profundiza la confianza entre
ambas partes y maduran diversas condiciones, será posible, a mi
parecer, efectuar conversaciones de más alto nivel.
En adelante, es preciso promover las visitas y diálogos de los
representantes del Norte y del Sur.
Las incomprensiones y la desconfianza entre el Norte y el Sur
que se han acumulado durante casi 30 años de división, después
de la liberación, no podrán desaparecer por completo mediante
uno o dos contactos y diálogos. Tampoco podrán encontrarse todas
las vías concretas para solucionar el problema de la reunificación
de la patria en el curso de una o dos sesiones de consultas. En
nuestra conversación hemos desvanecido la incomprensión que
guardaban el Norte y el Sur en cuanto a problemas fundamentales,
y hallado importantes puntos comunes, pero todavía quedan
muchas cuestiones a resolver para reunificar la patria. Estas
podrán resolverse sólo a través de frecuentes contactos y sinceras
conversaciones entre los representantes del Norte y del Sur.
En el curso de estos diálogos y conversaciones ambas partes
deberán someter a discusión todos los asuntos referentes a la
reunificación de la patria, incluidas las cuestiones mal
interpretadas. Ningún problema se solucionará si cada uno guarda

bajo llave sus opiniones, en vez de hablar francamente. Por muy
pequeño que sea el equívoco, hay que someterlo a tiempo a la
consulta para disiparlo.
El diálogo entre el Norte y el Sur debe realizarse siempre sobre
la base del principio de profundizar la comprensión mutua,
encontrar los puntos comunes y fortalecer la unidad. En cuanto a la
búsqueda de las vías de la reunificación de la patria, es probable
que haya diferencias entre nuestras proposiciones y las de ustedes.
Por eso, puede haber polémicas acerca de cuáles son justas. No
obstante, estas polémicas deben encaminarse siempre a encontrar
puntos comunes y lograr la unidad y la reunificación y nunca a
mantener la división.
Para coordinar adecuadamente las relaciones entre el Norte y
el Sur y solucionar con éxito diversos problemas que surgen para
la reunificación de la patria, sería conveniente organizar y poner
en funcionamiento, por ejemplo, una comisión conjunta
Norte-Sur.
Vale crearla y realizar la labor efectiva de coordinación,
porque con meros diálogos generales no pueden esperarse
notables progresos en el trabajo para la unidad nacional y la
reunificación de la patria.
Para constituir la comisión conjunta, basta con que los
gobiernos del Norte y del Sur designen respectivamente sus
funcionarios de alto rango como copresidentes y que se incorporen
otros miembros necesarios. Como por avión puede viajarse entre
Pyongyang y Seúl en poco tiempo, la comisión puede funcionar
viniendo ustedes algunas veces a Pyongyang y yendo otras veces
los nuestros.
Una vez organizada, esta comisión tendrá que coordinar
muchos problemas. Ella deberá examinar y coordinar a tiempo
diversas cuestiones tales como la de poner fin a la imputación y la
difamación entre el Norte y el Sur y la de prevenir los conflictos

militares, y otras referentes a las relaciones entre ambas partes.
Dentro de la comisión conjunta, el Norte y el Sur deberán
consultar con seriedad sobre los problemas que se presenten, hasta
llegar a un consenso conforme al objetivo de la unidad, sin que una
parte trate de imponer su voluntad a la otra.
Podríamos instalar igualmente una línea telefónica directa
entre Pyongyang y Seúl y por ella consultarnos a menudo sobre los
asuntos que surjan. Si aparece alguna cuestión que pueda
obstaculizar la reunificación del país o provocar incomprensiones,
aunque sea en lo más mínimo, debemos comunicarnos de
inmediato por teléfono y solucionarla oportunamente mediante la
consulta.
Los tres principios para la reunificación de la patria,
acordados esta vez por el Norte y el Sur, constituyen el programa
de reunificación que debe realizar de común acuerdo toda la
nación coreana. A mi juicio, sería bueno proclamar estos
principios ante el mundo, para ponerlos en conocimiento de toda la
nación coreana y otros pueblos del mundo.
Esto nos servirá para educar a nuestro pueblo y demostrar ante
el mundo la unidad de la nación coreana. Si damos a conocer el
programa de reunificación, acordado por el Norte y el Sur, todos
nuestros compatriotas, tanto en el país como en el extranjero,
llegarán a una identidad de opiniones al conocer que estamos
dispuestos a reunificar la patria dividida de modo independiente
sobre la base del principio de la gran unidad nacional, y por vía
pacífica, y los diversos sectores y clases de la población
encontrarán en esto un gran estímulo. Además, si se publica ese
programa común de la nación para la reunificación, los pueblos del
mundo verán que los coreanos forman una gran nación unida, y las
fuerzas foráneas opuestas a la reunificación de nuestro país se
darán perfecta cuenta de que les será imposible dividir para
siempre en dos a la nación coreana, por mucho que lo quieran.

Sería bueno que la cuestión referente al tiempo y la forma de la
publicación de esos tres principios se discutiera en el curso de los
diálogos posteriores.
Podría publicarse una vez que usted haya
regresado a Seúl y discutido la cuestión con las autoridades de allí
y, luego, los delegados de ambas partes vuelvan a reunirse y
lleguen a un acuerdo al respecto.
Como usted ha venido expresamente a Pyongyang, le
aconsejaría quedarse un día más para intercambiar opiniones con
nuestros funcionarios.
Considero un gesto patriótico el que usted haya venido a
visitarnos. El hombre debe ser patriota y no vendepatria. Uno se
cubre de honor y conoce el valor de la vida si trabaja a favor de la
patria y la nación, aunque viva un solo día.
Podemos considerar exitosas las negociaciones que acaban de
realizar el Norte y el Sur. Deseo que usted venga a menudo a
Pyongyang.

2. PARA REALIZAR LA COOPERACIÓN
ENTRE EL NORTE Y EL SUR

Para mí es motivo de satisfacción reunirme de nuevo con los
delegados de la parte surcoreana. La vez pasada estuvo aquí un
solo delegado, pero veo que ahora son varios. Si el Norte y el Sur
frecuentan contactos de este tipo, creo que esto ayudaría mucho a
la solución del problema de la reunificación de la patria.
Después de la publicación de la Declaración Conjunta del
Norte y del Sur, nuestros esfuerzos por la reunificación de la patria
han registrado ciertos progresos. Ya es un avance el hecho mismo
de que los coreanos que anteriormente, separados en Norte y Sur,
no podían ni siquiera verse, intercambian hoy visitas de
representantes. Si esos delegados hacen visitas recíprocas, llegan a
conocerse bien mediante frecuentes contactos e intercambian
opiniones, podrían resolverse muchos problemas relacionados con
la reunificación de la patria.
Debemos reunificar a toda costa y cuanto antes la patria. Si no
lo logramos, dejándola escindida continuamente, es posible que
nuestra nación se separe para siempre en dos.
En ningún caso debe dividirse en dos nuestra nación. Desde la
antigüedad, los coreanos han venido viviendo como una nación
homogénea sobre un mismo territorio. Por sus venas corre la
misma sangre y les unen una misma cultura e historia, y tienen un
fuerte espíritu y orgullo nacionales. En los 36 años de ocupación
de nuestro país, los imperialistas nipones pretendieron hacer creer
que Corea y Japón eran una “misma nación” y recurrieron a otras
artimañas e incluso les impusieron a los coreanos apellidos
japoneses, pero nunca lograron japonizarlos. Entonces, ¿cómo es
posible que hoy esta nación coreana se vea dividida en dos? Nunca
debemos admitir su división, tenemos que reunificarla en ‘nuestra
generación.
Tanto los compatriotas del Norte como los del Sur anhelan
por igual la reunificación del país. Creo que ustedes también nos
visitan movidos así por el mismo deseo.
Sin embargo, en el círculo de la prensa surcoreana se oyen,
aun después de publicada la Declaración Conjunta del Norte y el
Sur, palabras como “confrontación junto con los diálogos”,
“rivalidad junto con los diálogos”. Términos como confrontación
o rivalidad significan, en el verdadero sentido de la palabra,
medirse las fuerzas y en este caso será inevitable que una parte
salga vencedora y la otra vencida. Quizás podría tolerarse que esto
ocurriera entre distintos países o naciones, pero no debe admitirse
enfrentamiento o rivalidad en el seno de una misma nación.

Porque entonces será imposible lograr la unidad nacional ni
realizar la reunificación de la patria.
El Norte y el Sur deben cooperar uno con otro en vez de
enfrentarse y rivalizar. Por cooperación entendemos trabajar en
común con fuerzas mancomunadas. Como ya se han iniciado los
diálogos bilaterales, consideramos que ha llegado el momento de
cooperar. Ambas partes deben dar un paso adelante para cooperar,
sin limitarse a dialogar.
Si el Norte y el Sur llegan a colaborar, en este proceso crecerá
la fuerza de la nación y se echarán sólidos cimientos para la
reunificación de la patria. Solo cuando el Norte y el Sur lleguen a
cooperar, podremos vencer con éxito todas las dificultades que
enfrentamos y anticipar la causa de la reunificación del país,
supremo anhelo de la nación.
Las dos partes deben empezar a colaborar en el orden
económico.
Solo cuando el Norte y el Sur efectúen juntos un trabajo tras
otro comenzando por la colaboración económica, podrán disipar el
malentendido entre sí y profundizar la comprensión. Por el solo
hecho de decir que se guardan confianza, no se puede conocer las
entrañas de cada uno. Mientras laboran juntos, en efecto, se
eliminará la incomprensión, se profundizará la confianza y se
logrará la unidad nacional.
Nuestro país cuenta con muchos habitantes y abundantes
recursos naturales. Si el Norte y el Sur cooperan, podrán
desarrollar rápidamente la economía nacional y convertir a nuestro
país en un país rico y poderoso. También podrán darles soluciones
más satisfactorias a los problemas vitales para la población,
creándole a nuestro pueblo condiciones de vida tan buenas como
las de otros.
Son ilimitadas las posibilidades de la cooperación económica
entre el Norte y el Sur. Ambos pueden explotar juntos las riquezas

del subsuelo, desarrollar la división del trabajo y el intercambio, y
también utilizar conjuntamente los logros de las investigaciones
científicas y tecnológicas.
La parte Norte de la República tiene inmensas riquezas en su
subsuelo. En especial, son inagotables los minerales de hierro.
En el pasado, los imperialistas japoneses saquearon gran
cantidad de riquezas de nuestro país, pero sólo llegaron, por
decirlo así, a lamer la cascara de la sandía. Nuestros exploradores
geológicos descubren grandes yacimientos de hierro en los lugares
donde los imperialistas japoneses afirmaban que no existía ningún
mineral. Recientemente hallaron en la región de Kaechon cientos
de millones de toneladas de minerales de hierro y en la provincia
de Jwanghae del Sur, un yacimiento de hierro de miles de millones
de toneladas. En Phungsan y demás zonas norteñas del interior
también existen enormes yacimientos de hierro. Los descubiertos
hasta la fecha por nuestros exploradores llegan, preliminarmente,
a más de diez mil millones de toneladas.
Además, los minerales de hierro de nuestro país son de muy
alta ley. La proporción de hierro en todos ellos pasa del 35 por
ciento. Podemos considerarlos de buena calidad a escala mundial.
Hoy los japoneses los desean tanto que se babean.
En la parte Norte abundan, además, otros minerales como
plomo, cinc, cobre, etcétera. Aunque los imperialistas nipones
afirmaron que en nuestro país no existía ni rastro de níquel,
nosotros lo descubrimos con nuestras manos y estamos
produciendo gran cantidad de acero de aleación de diversas clases.
Dicen que ahora en Corea del Sur se construyen industrias,
pero será difícil, en mi opinión, asegurarles las materias primas
necesarias. Podrán importarlas del exterior, pero, ¿para qué
comprarlas en países lejanos, si las hay en abundancia en nuestro
país? Si el Norte y el Sur unen sus fuerzas para explotar las
inagotables riquezas subterráneas de nuestro país, podrán

desarrollar la metalurgia, la industria mecánica y otras ramas
industriales, sin importar las materias primas.
Para fortalecer el poderío económico del país, es indispensable
desarrollar la industria mecánica apoyándose en las propias
materias primas. Desde los primeros días de la liberación hemos
venido haciende esfuerzos tesoneros para su desarrollo, de modo
que hoy nuestra industria de maquinaria ha llegado a un nivel muy
alto. Solo cuando mediante el desarrollo de esta industria,
produzcamos máquinas con el hierro y las vendamos, podremos
mantener relaciones económicas con otros países sobre el
principio de igualdad, así como mejorar la vida del pueblo. En la
actualidad, exportamos en gran cantidad camiones, tractores y
otros diversos productos mecánicos y muchos países quieren
comprarlos.
En la parte Norte de la República también existen muchísimos
recursos acuáticos.
Cada año, 5 o 6 millones de toneladas de myongthae invaden
en grandes cardúmenes el Mar Este de nuestro país. Esta es una
cifra calculada por los científicos, aunque en realidad nadie la sabe
con exactitud. En plena temporada de migración, un cardumen
alcanza, según se dice, 3 mil metros de ancho, 5 mil de largo y una
profundidad desconocida. A pesar de ello no podemos capturar
más que 600 mil toneladas al máximo. Es decir, cogemos sólo el
10 %. Los científicos afirman que no disminuyen las reservas de
myongthae, aun cuando capturemos el 50 %. Por eso, aunque se
pescaran al año 2,5 millones de toneladas de myongthae en el Mar
Este de nuestro país, no pasaría nada. Si los pescadores del Norte y
del Sur se entregaran juntos a su captura, aunando las fuerzas,
podrían pescarlo en cantidades inestimables. Esto les permitiría a
todos ellos llevar una vida mejor.
Considero necesaria también la división del trabajo entre el
Norte y el Sur en la esfera económica. Si ambos desarrollan la

economía haciéndose cargo cada cual de ciertos productos, esto
los aligerará considerablemente de su carga y les ofrecerá muchas
ventajas económicas.
También en la esfera cultural hay que realizar la colaboración
entre el Norte y el Sur.
Solo así será posible conservar las características intrínsecas de
la homogénea nación coreana y desarrollar de manera unificada
nuestra cultura nacional.
El Norte y el Sur han de colaborar en el campo de la
lingüística para una promoción unitaria de nuestro idioma
nacional. En la actualidad, los norcoreanos y los surcoreanos usan,
cuando se encuentran, no pocas palabras incomprensibles y se dan
incluso casos en que eso causa equívocos. Si la diferencia
lingüística entre el Norte y el Sur se hace más grande, no se le
puede poner fin a la división nacional. Debemos evitar a todo
trance que debido a esta diferencia nuestra nación se divida en dos
naciones. Los lingüistas del Norte y del Sur deben colaborar en la
tarea de investigación y coordinación encaminada a asegurar la
comunidad de la lengua y las letras en ambas partes. Si ellos se
reúnen y se consultan, podrán desarrollarlas sin cesar, dando
amplios márgenes a sus aspectos ventajosos.
El Norte y el Sur deben realizar intercambios y colaboración
también en el campo científico. Los dos cuentan con muchos
científicos de talento. Es posible que los del Norte resulten
mejores que los del Sur en determinadas ramas, y viceversa. Por
esta razón, si los científicos de ambas partes unen sus fuerzas e
inteligencia, pueden alcanzar resonantes éxitos en las
investigaciones científicas y convertir pronto a nuestro país en un
Estado industrial moderno.
Asimismo, tenemos que colaborar también en los deportes.
Así podemos obtener buenos resultados en competencias
internacionales. Nuestros deportistas, aun participando por

separado, conquistan relevantes éxitos en encuentros
internacionales.
Si el Norte y el Sur forman equipos conjuntos para
las competencias internacionales, podrán aspirar a ser campeones.
Desde sus orígenes, la nación coreana es poseedora de un férreo
espíritu combativo. Todo el mundo lo sabe. Si observamos cómo
actúan nuestros deportistas en las competencias internacionales,
veremos que en muchos casos, para la victoria, su voluntad
combativa resulta un factor mayor que su técnica. En el futuro,
debemos formar equipos conjuntos con atletas seleccionados del
Norte y del Sur para participar en los juegos olímpicos y otras citas
internacionales.
El Norte y el Sur deben cooperar no solo en el terreno
económico y cultural, sino también en el político.
La cooperación económica y cultural debe extenderse, como es
lógico, hasta la esfera política. Además, solo cuando cooperemos
en el plano político, podremos fomentar con éxito la cooperación
en los órdenes económico y cultural.
Como tenemos diferentes modos de observar las cosas, es
posible que haya divergencias de opiniones entre nosotros en
cuanto a la manera de realizar la cooperación. Ustedes las
analizan por separado, aislándolas unas de otras, pero nosotros las
analizamos partiendo del punto de vista de que todas ellas están en
relación de interdependencia e interacción. Es una ley del
movimiento social el que la rama política, económica, cultural,
militar y todas las demás de la sociedad se desarrollen en
interdependencia e interacción. Ningún problema social se
solucionará correctamente si no se analiza en relación con otros.
Para resolver un problema político es preciso resolver los
problemas económico y cultural, y viceversa.
Si el Norte y el Sur no cooperan en el campo político, no
pueden hacerlo con éxito ni en el terreno económico ni en el
cultural, por mucho que lo quieran.

Tomemos, por ejemplo, el caso del problema de búsqueda de
los familiares y parientes separados en el Norte y el Sur, que se
discute en las actuales negociaciones de las organizaciones de la
Cruz Roja de ambas partes.
A primera vista parece fácil de
solucionar, pero en realidad no lo es, dado que existe desconfianza
política entre el Norte y el Sur.
He oído que entre los delegados surcoreanos a dichas
negociaciones había uno que tiene parientes en el Norte. Pero,
cuando un funcionario nuestro le preguntó si quería visitarlos, él
no lo aceptó, alegando que lo haría más tarde. Creo que su actitud
se debió a que se muestra renuente a visitar a sus parientes
residentes en el Norte. Supongo que en el Sur de Corea hay
personas que temen al encuentro con sus parientes del Norte y
otras que no quieren revelar que tienen familiares aquí. En esta
situación es imposible que las organizaciones de la Cruz Roja del
Norte y del Sur encuentren por sí solas, como es debido, a los
familiares y parientes separados y les faciliten verse libremente.
Por eso, consideramos imprescindible realizar la cooperación
política entre ambas partes para resolver satisfactoriamente el
problema de la búsqueda de dichos familiares y parientes.
Asimismo, sólo la colaboración política permitirá relajar la
tensión entre el Norte y el Sur y reducir los armamentos.
Por supuesto que la Declaración Conjunta del Norte y del Sur
precisa que la reunificación de la patria se realizará por vía
pacífica, sin recurrir al uso de las fuerzas armadas por ambas
partes. A pesar de que ese documento estipula el no uso de las
fuerzas armadas, ambas partes siguen haciendo preparativos de
guerra por temor a que en el futuro se produzca una contienda.
Ustedes, ayudados por Estados Unidos, siguen comprando
cañones, mientras que nosotros los fabricamos
ininterrumpidamente con nuestras manos. Mientras continúe tal
estado de cosas no disminuirá la tensión en nuestro país. Ahora,

aquí hay muchos efectivos militares y el pueblo soporta pesadas
cargas militares.
Bastarán en total 200 mil efectivos militares entre
el Norte y el Sur para defender nuestro país de una invasión
extranjera. La colaboración política permitirá profundizar la
confianza entre el Norte y el Sur, relajar la tensión y reducir el
ejército de cada parte a 100 mil efectivos, lo que aliviaría la carga
militar que soporta la población.
Puesto que todos los problemas que surjan en los campos
económico, cultural y militar serán resueltos solo cuando se logre
la colaboración política, no debemos limitarnos a la cooperación
económica y cultural, sino extendernos a la colaboración política.
No es de ninguna manera difícil colaborar en lo político. Entre
nosotros no hay razón para que no podamos colaborar
políticamente. La existencia de regímenes diferentes en el Norte y
el Sur de Corea no puede constituir un motivo que impida la
colaboración política.
Parece que en Corea del Sur hay personas que creen
erróneamente que el socialismo es algo temible, pero este no tiene
nada de eso.
Fue en la posguerra cuando comenzamos a construir el
socialismo. Yo presenté la tarea al respecto en la tesis publicada en
abril de 1955.
La construcción del socialismo fue una exigencia apremiante
de la realidad reinante en nuestro país después de la guerra. La
contienda de tres años redujo a cenizas las ciudades y aldeas, así
como destruyó indescriptiblemente la industria y la economía
rural. En el curso de la conflagración casi todos los campesinos
medios y ricos se arruinaron para no hablar ya de los labriegos
pobres y los artesanos, mientras una bancarrota irremediable llevó
a los comerciantes e industriales de la ciudad a la condición de
artesanos o pequeños comerciantes.
En una palabra, ellos se
encontraban en una situación en que no podían subsistir sin
mancomunar sus fuerzas y exigían con apremio la cooperativización. De ahí que planteemos la orientaión de ejecutar la cooperativización de la economía privada en la ciudad y el campo y la pusimos en práctica, respetando, al pie de la letra, el principio de voluntariedad. No liquidamos a los campesinos ricos en el área rural ni a los comerciantes e industriales privados en la ciudad mediante la expropiación, sino los transformaos en trabajadores socialistas, incorporándolos a la economía cooperativista socialista.

Aun en las difíciles condiciones de la postguerra, en que

carecíamos de bueyes de tiro, aperos agrícolas y mano de obra,

llevamos a cabo la cooperativización agrícola y, mancomunando

así las fuerzas de los campesinos, pudimos realizar en gran escala

las obras de irrigación y desarrollar con rapidez la economía rural.

No me detendré largo tiempo en hablar sobre la superioridad

del régimen socialista establecido en la parte Norte de la

República. Cuando los surcoreanos vengan aquí, presencien y

experimenten personalmente la realidad, llegarán a saber que el

régimen socialista no es nada temible, sino al contrario, es bueno.

Es por eso que no hay motivo para que el Norte y el Sur no puedan

colaborar políticamente y unirse.
Consideramos racional poner en vigor el sistema confederal del Norte y del Sur para alcanzar esa colaboración política.

Este sistema confederal que proyectamos consiste en fundar un Estado unificado, dejando intactos por el momento los dos sistemas políticos ahora exisentes en el Norte y el Sur. Si con la amplia participacición de los representantes de los partidos políticos, de las organizaciones sociales, de todas las clases y capas se la población y de conocidas personalidades de cada parte se instituye una asamblea nacional suprema, y en sus sesiones se examinan y deciden en común los problemas importantes para el desarrollo de la nación, y se realizan
actividades exteriores con un nombre estatal único, esto será un
sistema confederal.
En cuanto a la denominación del Estado
confederal sería bueno llamarlo República Confederal de Coryo,
retomando el nombre del Estado de Coryo, ampliamente
conocido en el mundo. El sistema confederal del Norte y del Sur
permitirá establecer plenamente, en todas las esferas, los
vínculos y la colaboración entre ambas partes y elevará el
prestigio de nuestra nación en el plano exterior.
¿Por qué nosotros, que somos una sola nación, tenemos que
realizar actividades exteriores como dos países? Me opongo
categóricamente al ingreso, por separado, del Norte y del Sur en la
ONU, mientras se mantenga el estado de división del país.
Si en adelante discutimos más en detalle los problemas
concernientes al sistema de confederación, seguro que llegaremos
a acuerdos aún más racionales.
Como ustedes han dicho que no tienen objeción a la
colaboración política, económica y cultural entre el Norte y el Sur,
lo que queda ahora es esforzarnos por llevarla a la práctica lo más
pronto posible.
Lo importante en esta cooperación es liquidar las
incomprensiones y la desconfianza entre el Norte y el Sur. Si las
abrigan en su fuero interno, sonriendo en apariencia, no puede
solucionarse el problema. Creo que sólo disipándolas, el Norte y el
Sur podrán realizar con rapidez la colaboración.
Ya que las autoridades surcoreanas afirman que harán
retirarse las tropas yanquis y no introducirán a los japoneses,
queremos confiar en ustedes. Lo problemático es que la parte
surcoreana no nos entiende justamente y desconfía de nosotros.
Ya que aquí estamos entre compatriotas, si tienen algún recelo,
hablen con franqueza. Si regresan después de leer el texto del
discurso preparado de antemano, guardando bajo llave otras
ideas en su fuero interno, no pueden eliminarse los equívocos.

Para eliminarlos es preciso conversar con el corazón en la
mano.
Para realizar la unidad y la colaboración entre el Norte y el Sur,
es preciso, además, que dejen de renegar uno de otro imputándose
y desacreditándose. Nos aguantamos con paciencia aunque las
autoridades surcoreanas nos calumnian y difaman. Si ustedes
desean sinceramente colaborar con nosotros, deben cesar la
propaganda anticomunista. Por nuestra parte, dejaremos de
imputarles, ya que queremos cooperar con la parte surcoreana.
En mi anterior entrevista con el delegado de la parte
surcoreana, manifesté que sería conveniente organizar y poner en
marcha un aparato en forma de comisión conjunta Norte-Sur para
coordinar racionalmente las relaciones bilaterales y resolver con
éxito los problemas concernientes a la reunificación de la patria, y
en esta oportunidad tendremos que crear el Comité Coordinador
del Norte y el Sur. A mi juicio, no habrá gran problema en su
creación. Es preciso constituirlo cuanto antes y asegurar su buen
funcionamiento.
El Comité Coordinador no debe aferrarse solo a meras
palabrerías, sino coordinar de manera correcta las relaciones entre
el Norte y el Sur y trabajar seriamente para encontrar solución a
cada uno de los diversos problemas que se presentan en la
reunificación de la patria. Será oportuno, en mi criterio, que una
vez constituido el Comité Coordinador, se adopten medidas para
que ambas partes, en señal de confianza, reduzcan
respectivamente los efectivos de sus ejércitos, pongan en libertad a
los presos políticos y aseguren a los partidos políticos la libertad
de actividades.
Ya que hemos abierto la puerta entre el Norte y el Sur, no
debemos cerrarla otra vez. Si volvemos a cerrarla, nos censurarán
los pueblos del mundo, para no hablar del nuestro.
Una vez que tenemos abierta la puerta entre el Norte y el Sur

y dimos inicio al trabajo, debemos mostrar lo capaces que
somos para dignificar el honor de la nación coreana ante todo el
mundo.
Cuanto más pronto realicemos la reunificación de la patria,
tanto mejor. Si la demoramos no obtendremos nada bueno. El
deber de todos nosotros es esforzarnos conjuntamente para
reunificar cuanto antes la patria.

Ana Teresa Delgado de Marin

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