CONSTITUCIONAL CONTRA EL ODIO
- Alfredo Romero: «Ley del Odio es inconstitucional, por lo tanto, debe ser anulada de nulidad absoluta»
- Ángel Oropeza: «Hay que hacer acuerdos para que una elección de autoritarismo a democracia tenga eficacia»
Caracas, 04 de octubre de 2026.- La edición de este domingo de #AbriendoPuertasPorVV, conducida por la periodista Margarita Oropeza, contó con la participación de Alfredo Romero (abogado y director presidente del Foro Penal) y de Ángel Oropeza (psicólogo, doctor en ciencias políticas y director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello) para ahondar en los cambios que se avizoran en el sistema de justicia venezolano.
ALFREDO ROMERO
Sobre la solicitud de Delcy Rodríguez (encargada de la presidencia de Venezuela) de reformar la Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia. «No sabemos exactamente de qué se trata como tal, primero la intención y la reforma como tal, pero el punto es que la Ley del Odio no es conveniente para el país. Peor que eso, no es un tema de conveniencia o de eficiencia, es que la Ley del Odio es un instrumento de persecución política, arbitrario, que ha sido utilizado precisamente para perseguir políticamente a personas que se consideran que –de alguna manera- se han expresado libremente o ejerciendo su derecho a expresión, a libertad de expresión contra el gobierno. Y eso es precisamente lo que garantiza nuestra Constitución. Por lo tanto, la Ley del Odio es inconstitucional, por lo tanto, debe ser anulada de nulidad absoluta», manifestó.
Al revisar las implicaciones de la Ley contra el Odio en Venezuela, Romero explicó: «Primero, la ley ha sido extremadamente subjetiva. Pero más que subjetiva, yo creo que estoy siendo hasta bastante moderado porque no es subjetiva, lo que te decía, ha sido con el objeto de encarcelar a personas con fines políticos. De eso no hay duda alguna, el fin que ha utilizado la ley ha sido ese. Pero hablemos pues de lo que es el contenido de la ley, que es la causa, a diferencia del fin, el fin es subjetivo y la causa digamos que es objetiva. La ley de por sí es bastante subjetiva su contenido y no te especifica concretamente qué es odio (…). Yo creo en la reconciliación y creo, vamos a llamarlo en la transformación, incluso el ser humano, yo creo que uno se puede transformar hacia el bien, ¿no?, también hacia el mal. Pero obviamente es el mismo gobierno donde la presidenta interina es la actual responsable que obviamente permitió que esta Ley del Odio no solo existiera, sino que fuera ejecutada de manera arbitraria como ella misma lo reconoce».
En cuanto a la elección de los nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y la negativa del gobierno de reunirse con el Foro Penal, comentó: «Lo positivo es que el hecho de que se haya planteado ya –yo no hablo de reforma- una reconstrucción que debe haber en el sistema judicial, es importante y que parte de esta nueva elección de magistrados o designación de nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia. Yo creo que eso es importante (…). Yo creo que el Foro Penal particularmente, no solo por ser sociedad civil, sino una organización que lleva más de 25 años trabajando precisamente (…), no solo nos gustaría participar, es que el Foro Penal, nosotros estamos obligados a hacerlo si nos lo permiten, y estamos obligados a criticar si no nos lo permiten y estamos obligados a plantear soluciones incluso si no nos las piden, para eso hemos venido trabajando muchos años y tenemos una experiencia –y debo decirla, no solo yo, todo el equipo del Foro Penal- importantísima respecto al sistema de justicia y la experiencia de lo malo, de cómo se ha utilizado el sistema de justicia para perseguir y cómo ha sido ineficiente para hacer justicia».
De cara al diálogo abierto y el estado del Poder Judicial, Romero opinó: «Sabemos perfectamente que cogollos políticos de la oposición, llamamos a la oposición, funcionan y hay gente también que no es tan buena y del lado del gobierno tenemos un monstruo todavía allí, que es una máquina represiva, que ha utilizado el poder judicial como mecanismo de monopolización de poder y como fachada para cometer actos –debo decir- violatorios a los derechos humanos y la utilización de jueces y fiscales para perseguir políticamente. Claro, este monstruo es mucho más grande, pero la oposición debería es convertirse en un monstruo, o en un gran ángel –digámoslo así, si se puede decir- para luchar contra ese monstruo y establecer una verdadera justicia que es necesaria, obligatoria para todos, no por el beneficio de unos pocos o el beneficio individual de algunos con intereses, debo decir, dentro de factores políticos, sino por el beneficio del ciudadano que en definitiva somos todos».
ÁNGEL OROPEZA
Al preguntarle por la posible reforma de la Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia en vez de una derogatoria, señaló: «La gente no entiende cómo se reforma el odio. O sea, el odio no se deroga. O sea, tú no tienes poquito o mucho odio por alguien, tú el odio lo tienes o no lo tienes. Entonces, vamos a eliminar eso una vez (…). Sabemos que este fue un instrumento que se creó no para la convivencia y la paz, como dice el subtítulo de la ley, sino como un aparato represivo, como un instrumento de represión, de hecho, se usó para eso. Una ley que sirvió para poner presa a gente por un tuit, por un comentario tonto en redes sociales, por estar en la calle diciendo que apoyo a este y no apoyo al otro, sirvió fue para eso. El gobierno sabe que es una herramienta que le ha servido, entonces tiene como cierto temor de perderla por completo, pero porque le sirve a él, al pueblo no le sirve. Entonces, la gente sabe que es una ley que ha servido solo para reprimir, solo para beneficio del gobierno, bueno, elimínela».
De la transición y lo que se espera en el país, Oropeza precisó: «En una democracia, el que gana sabe qué pasa y el que pierde sabe qué pasa: se va a la oposición y ya está; pero en una autocracia, el que va a perder, porque no tiene respaldo popular, tiene el poder de represión, tiene mucha plata, tiene mucho que perder; que tú tienes que –antes de ir a una elección que la va a perder el gobierno si es medianamente limpia- tienes que llegar a ciertos acuerdos de qué garantías le vas a dar para que continúe la política, cierto respeto a ciertos espacios. Esos son los acuerdos que hay que hacer. Ahora, el hecho de que haya que hacer acuerdos antes de una elección presidencial es una tarea, no es una excusa. Es una tarea que hay que hacer. La mesa, así como se ha aplaudido que exista y hay toda la esperanza de que funcione (…) la gente demanda un poco más de celeridad, o sea, la gente demanda un poco más de premura. Seguirle pidiendo paciencia a este pueblo es como muy criminal, es un pueblo que ha sufrido mucho».
En relación con un próximo proceso electoral en Venezuela y las condiciones que se estiman deben estar dadas, dijo: «Hay que hacer acuerdos para que una elección de autoritarismo a democracia tenga eficacia. La gente tiene, y creo que la doctora Figueroa lo reconoce, la gente tiene todo el derecho de pedir celeridad. La pregunta es si –no señalo tanto a la gente que está en la mesa de negociación- sino al tutor externo que es quién los sienta a ellos en la mesa (Estados Unidos), quien al final va a aprobar o no lo que esta gente acuerde, ¿OK? Porque al final es el que está, es el tutor en Venezuela, es quien está dirigiendo el juego y la pregunta es si a este tutor le conviene en este momento que vayamos en paralelo para ganar celeridad; pareciera que no, pero pareciera que no, no por hablar mal del gobierno norteamericano en absoluto, sino porque hasta que no ocurra la elección de midterm en el legislativo ahora en noviembre, la intención o la atención, perdón, va a estar toda dirigida hacia allá».
Al consultarle por el futuro inmediato de los venezolanos, Oropeza puntualizó: «Yo sí creo que la gente –y eso lo hemos recogido en los estudios- tiene mucha frustración, pero tiene mucha esperanza. Los niveles de esperanza se mantienen, la gente sabe que estamos en transición, lo que no sabe es hacia dónde, ¿no? Y siente que, si pudiera, si se le diera la oportunidad de tributar la transición, de incorporarse, de luchar por ella, lo haría. Entonces, es un pueblo muy noble que ha sufrido muchísimo, que a pesar de todo lo que ha sufrido sigue teniendo reservas intelectuales, morales, sociales inmensas y eso hace que la gente sienta que a pesar de toda la incertidumbre hay mucha esperanza».
